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Editorial
La
invasión de los cerros
Con
ocasión de la ola invernal que azota a Santa Marta y todo el
departamento del Magdalena; buena parte de la comunidad ha
manifestado su preocupación por lo que pudiese ocurrir en
los asentamientos subnormales que se han permitido construir
en las laderas o faldas de los cerros de la ciudad.
Los
estudios más conservadores señalan que hoy viven en los
cerros samarios alrededor de 70 mil personas, el 80 por
ciento de ellas desplazadas, llegadas de otras partes del
país que como han podido se han hecho a un refugio en las
más lamentables condiciones para la supervivencia humana.
Hemos visto casuchas hechas con bolsas plásticas, con cartón
y hasta tablas de madera. Y todo ese panorama ocurre frente
a la indiferencia del Estado.
Sabido es que el terreno de los cerros cede con mucha
facilidad a la presencia de las lluvias, dado que se trata
de tierra no compacta sobre la cual están levantadas las
humildes casas en las que habita la sexta parte de los
habitantes que tiene la ciudad. Basta con sólo ver, por
ejemplo, las casas sobre el Cerro de las Tres Cruces, o las
que ocupan los cerros de la margen derecha del Ziruma en el
trayecto Rodadero - Santa Marta. En tales sitios no ha
ocurrido una tragedia porque Dios lo ha impedido. Pero la
situación tiene todas las circunstancias para que ello se
dé.
El
Distrito de Santa Marta no tiene una capacidad de respuesta
para la reubicación de miles de familia que viven hoy la
tragedia de no carecer de un techo propio y en condiciones
dignas. Ni el Gobierno Nacional nos ha prestado atención
pese a las reiteradas insistencias con las cuales se ha
tratado el problema. En pocas palabras, estamos a la buena
de Dios.
La
laxitud de las autoridades ante semejante panorama termina
en desastres humanos como ocurrió recientemente en la ciudad
de Medellín, donde la tierra cobró la torpeza humana con un
saldo de más de diez muertos y un mayor número de familias
que perdieron su patrimonio económico y su techo.
Por otra parte, también es
cierto que ante la necesidad de la gente aparecen unos
avivatos ofreciendo urbanizaciones piratas en sitios que no
cuentan con los mínimos requerimientos en materia de
infraestructura de servicios públicos y la perjudicada
termina siendo la comunidad. Buena parte de los problemas
que en materia de agua, alcantarillado y energía que padece
la ciudad obedece sin lugar a dudas al desorden urbanístico
y a la aparición de barrios subnormales que mediante
conexiones fraudulentas merman la capacidad instalada de los
servicios básicos. Pero ante semejante panorama, ¿Quién
responde? |