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Constructores de pirámides

Por: César González

Como  los faraones, muchos compatriotas han cavado para ellos una oscura tumba en alguna pirámide.

“Todo el mundo desea el dinero. Nadie lo entiende. El dinero es el gran tabú y la gente no habla de él. Y eso es lo que lleva a monstruosidades como la de las hipotecas basura. Quíteles la avaricia y las falsas representaciones financieras, y usted encuentra que la raíz de esta crisis está en un enorme analfabetismo financiero”, dice John Bryant, vicepresidente del Consejo Presidencial de Estados Unidos por la Alfabetización Financiera, creado en enero de este año (muy tarde, como siempre ocurre en estos casos).

El analfabetismo financiero florece en todas partes. La ignorancia se revela en mayor o menor grado aún en medio de las más sofisticadas instituciones mercantiles. Quizás el caso más famoso de las pirámides financieras es el de Albania, en 1996-97. Las consecuencias políticas, sociales y de orden público en esa nación fueron realmente graves.

Es alta la dosis colombiana de ignorancia; las alternativas financieras formales son pobres y mucha gente está dispuesta a creer que los rendimientos de fantasía de tales inversiones hasta un día antes del colapso, son resultado de la genialidad de los operadores del negocio.

Más allá de lo financiero, el bien público que debe preservar el Estado es el de la confianza de la gente en su tejido regulatorio y supervisor. Cuando el tamaño de la pirámide llega a su límite (el caso albanés indica que ese límite puede ser muy lejano)  los ojos de la ciudadanía involucrada se vuelven hacia el Gobierno para exigirle protección, compensación y explicaciones por su falta de diligencia. La gran demora del Gobierno en caerle a la manía de las pirámides colombianas realmente atenta contra esa confianza fundamental. 

La lentitud, sin duda, ha sido el elemento dominante. Eso, de verdad, no tiene perdón político posible.

El común denominador de esta tragedia es que la gente no tiene el conocimiento que le permita discernir la falta de sostenibilidad de los esquemas de pirámide. Sumémosle la avaricia de los inversionistas y la capacidad de engaño de los promotores, y encontraremos la fórmula. La gran falla del Estado ha sido no impedir que la estafa llegara tan lejos. 

 

La cumbre light

Por: Amylkar Acosta M

La tan esperada Cumbre de Washington, después de cuatro horas de deliberaciones, sin luz ni taquígrafos, desechó por improcedente y fuera de lugar la rimbombante idea de Nicolás Sarkozy, Presidente de Francia al tiempo que preside la Unión Europea, de “refundar” lo que él catalogó como “nuevo capitalismo”. Resultaba demasiado prematuro ahondar en una propuesta tendiente a reconfigurar el sector financiero en crisis, frente a la cual hay enormes discrepancias tanto ideológicas como teóricas que ameritan una mayor profundización en su análisis. Este, que es el asunto más peliagudo, terminó difiriéndose hasta abril próximo; entre tanto, varios grupos de trabajo integrados por expertos, coordinados por los ministros de economía y bajo la conducción de la troika del G – 20 integrada por Brasil, el Reino Unido y Corea del Sur, trabajarán la propuesta que será sometida a su consideración en la nueva cita.

Mucho se había especulado sobre la posible presencia del recién electo Presidente de los Eeuu, Barack Obama; pero, él prefirió desmarcarse de este convite que no era el suyo y prefirió más bien delegar en dos miembros de su equipo, uno republicano y otro demócrata,  su representación, al tiempo que a través de un mensaje radiofónico dejó conocer su “felling” sobre la actual crisis que embarga a la comunidad internacional. Fue muy claro al afirmar que “al tiempo que actuamos de forma concertada con otros países, deben intervenir aquí con urgencia. Si el Congreso no aprueba ya un Plan que dé a la economía el empujón que necesita, ésa será mi primera orden ejecutiva como Presidente”.

No fue difícil arribar a la conclusión que  “Estamos de acuerdo en que una respuesta política amplia, basada en la cooperación macroeconómica, es necesaria para restablecer el crecimiento”. Y, en una tácita referencia a los Eeuu, se dejó claramente establecido en el Comunicado oficial que “políticos, reguladores y supervisores en algunos países avanzados, no apreciaron de forma adecuada los riesgos de algunos mercados, ni siguieron el ritmo de la innovación financiera”. Bien claro lo dejó el Presidente de Brasil y Presidente del G – 20, Lula da Silva, refiriéndose a los países emergentes que representaba en dicha Cumbre, que “no aceptamos ser víctimas de una crisis que no hemos provocado” y fue más enfático al afirmar que ya ”es hora de construir una gobernanza verdaderamente global. Se necesita un esfuerzo de coordinación internacional justo”.

En el mismo Comunicado expedido al final de la Cumbre se exhorta a los gobiernos a poner en marcha cuanto antes regulaciones “anticíclicas”, aún a riesgo de acrecentar los niveles de endeudamiento y déficit fiscal, con el propósito de reanimar la economía, recurriendo  “al uso de medidas fiscales para estimular la demanda interna en forma rápida”. Y ello, a despecho de Bush, quien espetó que “la solución nunca ha sido más gobierno”. Igualmente se hizo un llamado a impulsar una mayor liberalización del comercio internacional, alentados por el temor de que se repita la historia de los años 30, cuando el proteccionismo contribuyó a ahondar y prolongar en el tiempo la Gran recesión. Ello puede significar un nuevo aliento para destrabar la Agenda de Doha que ya lleva más de un lustro empantanada.

“Un nuevo trato”, como lo denominó el Nobel de Economía Paul Krugman, que conduzca a un renovada edición de la Conferencia de Bretton Woods tendrá que esperar hasta la próxima cita, que será muy seguramente en otro escenario en el que el entonces Presidente Obama propicie un acuerdo multilateral, que no es dable esperar con el actual inquilino de la Casa blanca, que haga posible encontrarle una salida a la actual encrucijada. Será hasta entonces, cuando se podrá empezar a ver la luz al final del largo y penumbroso túnel que le deja Bush por legado a la comunidad internacional.

 

La guerra, un negocio

Por: Jesús Acosta Rodríguez

La historiadora belga, Anne Morelli, versada en mecanismos de publicación pro - guerra, hace poco tiempo escribió un ensayo titulado: “Falsificación en tiempos de guerra”. En esta obra, Morelli hace un despliegue de lo que menciona como “Principios elementales de la propaganda de guerra, utilizables en caso de guerra fría, caliente y tibia.” El primero de los 10 mandamientos de la divulgación para argumentar una guerra radica, dice la mencionada escritora, en decir: “No queremos la guerra”. Y el segundo es una consecuencia del primero: “El adversario es quien quiere la guerra.”

 Y para la “muestra un botón”: “No queremos la guerra. La guerra siempre es atroz. Sólo buscamos preservar la Paz en el mundo”. Fue el discurso de Bush ante el Congreso de su país, sobre el supuesto peligro de Irak.

“Nuestro objetivo es el desarme. Nadie quiere un conflicto militar.” Palabras de Tony Blair, en la Casa de Representantes en Inglaterra.

El ex-coordinador de los investigadores de la ONU, Scott Ritter, afirmó que cuando dejaron Irak, entre 90 y 95% de las fábricas y de la infraestructura de producción de armas biológicas, químicas o nucleares y de misiles balísticos habían sido controladas y destruidas.

Otros dos mandamientos de propaganda bélica son: “Satanización de quienes se atreven a oponerse a la guerra” y “el contraste entre las enormes pérdidas en el bando enemigo y los escasos daños de las fuerzas nuestras”.

Si usted escucha los noticieros que se hincan ante las potencias armamentistas, podrá verificar que estos preceptos están siempre presentes en las informaciones que dan sobre las acciones inicuas de esos cadáveres vivientes.

 Nelson Mandela, desde Johannesburgo, dijo recientemente que “Bush y los Estados Unidos son una gran peligro para la Paz Mundial”. El ex-presidente sudafricano, uno de los últimos representantes de la filosofía de la No-Violencia, reprendió a todos los líderes mundiales que sabiendo los móviles de las “guerras preventivas” que emprendió el presidente yanqui, han callado y permitan la agresión unilateral.

Ahora, existimos en un mundo en el que todo es un negocio, obsérvese lo siguiente: La restauración de Afganistán cayó en manos de una de las más ricas compañías petroleras americanas, de la que fue su presidente el hoy Vice - Presidente Dick Chenney, y a la cual Pedro Carmona, cuando hurtó el poder en Venezuela resolvió “ipso facto” suministrar Petróleos de Venezuela (Harken Energy Corporation), esto indica que no hay espacio para la No-violencia, y aquel que se atreva a proponerla, a sugerirla, a insinuar esa práctica como camino hacia un mundo más justo y mejor, será “despedazado a muerte”.  Indubitablemente, el mundo va inexorablemente a su hecatombe, ¿cómo negarlo?

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