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EDITORIAL
La difícil agenda legislativa
Ante la premura que parece afectar la labor
legislativa, bueno sería que el Congreso de la República
estableciera las prioridades que demanda la realidad nacional, para
evitar vacíos que pueden ser demasiado riesgosos para la democracia
colombiana. Nos referimos en concreto a la necesidad de sacar
adelante la Ley Estatutaria de la reelección presidencial y a la
urgencia de reformar el sistema electoral.
Por supuesto, la agenda legislativa está llena de
iniciativas que por una u otra razón no han sido estudiadas y
debatidas como corresponde a las necesidades del país. Es demasiado
preocupante que asuntos como la reforma estructural a la justicia o
a las finanzas públicas, duerman el sueño de los justos. Y que la
reforma al sistema pensional, o lo referente a los cambios que
demanda la recuperación del Sistema Nacional de Salud haya pasado a
un segundo plano.
Pero frente a esos temas, llama la atención que el
Congreso, cuya razón de ser está precisamente en la política, no
haya tomado aún la iniciativa para legislar en lo atinente a la
posible reelección del Presidente de la República. Y a la necesidad
de establecer unas reglas de juego que garanticen la transparencia y
la validez de un proceso electoral a punto de iniciarse.
No es fácil explicar que en Colombia no haya los
cambios que demanda el proceso electoral, pese a que aún hoy, tres
años después de las elecciones, gran parte del Legislativo esté en
interinidad, a la espera de un fallo judicial. Y que los
congresistas no hayan tomado decisiones para cerrar el paso a los
fraudes y las trampas que atentan contra su propia legitimidad. En
esas condiciones será difícil pedirle a los colombianos que
participen en una próxima elección parlamentaria, mientras subsistan
las dudas generadas por los hechos de corrupción y los fraudes que
desvirtúan la voluntad popular.
El otro tema es la Ley Estatutaria para la
reelección presidencial. A pesar de que la reforma constitucional
fijó unos plazos, no parece aconsejable esperar hasta el último
minuto para expedir una norma de la cual dependerá la transparencia,
el respeto por el debate democrático y las garantías para la
oposición. Y mucho menos, para permitir que sea el Consejo de Estado
la entidad que haga la ley, porque no se pudo cumplir el trámite
constitucional.
El Legislativo tiene que abocar esa obligación y
crear las reglas de juego que demanda la democracia colombiana. Ello
implica impedir que las tácticas dilatorias obstaculicen los
debates, así como garantizar que haya respeto para quienes se oponen
a la iniciativa y al gobierno. Nada puede ser más nocivo para la
credibilidad de las instituciones que el Congreso de la República no
esté a la altura de sus deberes.
Y como si fuera poco, debe centrar además su
atención en los procesos de control político que se anuncian contra
algunos altos funcionarios del Estado por las imprudencias y los
procederes poco claros en el ejercicio de sus funciones como el caso
del Ministro de la Defensa Nacional.
Si al anterior cóctel le agregamos las
discrepancias de la bancada oficialista por sus pretensiones ante el
gobierno, tendríamos entonces, que para los congresistas son
variadas las prioridades y atrás quedan los altos intereses de la
Nación. |