Columnistas

 ¿Qué nos pasa?

Después de asistir a un evento centroamericano sobre violencia política contra la mujer, el regreso a Colombia en medio de tantas realidades confusas me ha llevado a plantearme una pregunta dolorosa: ¿qué nos está pasando a los colombianos? A pesar de que muchos de nuestros vecinos nos siguen viendo como un país con instituciones sólidas y con el mérito de haber logrado un Acuerdo de Paz con las Farc, la verdad es que nuestra realidad es penosa. Empezar por aceptar que nada de lo que está sucediendo nos enorgullece, es el principio básico para encontrarle salida a esta etapa que vivimos.

Un gobierno que no logra ganar una, empezando por su principal reto: el de los recursos fiscales, cuya Ley debería llamarse de Desfinanciamiento; un Fiscal General de la Nación desprestigiado que no considera la posibilidad de renunciar cuando su credibilidad está en el piso; el escándalo de Odebrecht que no toca a los verdaderos culpables porque son los más ricos del país; la realidad de que funcionarios muy importantes también trabajaron para este grupo y no se declaran impedidos para juzgarlo; un senador que demuestra hasta donde ha rebajado la política en este país y un funcionario público que le pega en vivo y en directo a otro mostrando su irracional forma de actuar. Y para completar, un político contando billetes sin explicaciones claras.

Varias son las pérdidas que se identifican en esta sociedad. Primero, se perdió la vergüenza, esa que debería mostrar por ejemplo el Fiscal General, cuya defensa es aún peor que las acusaciones. Valerse el Fiscal Martínez de una eterna amistad con Pizano para justificar lo injustificable: ignorar sus esfuerzos por sacar a la luz pública la verdad y abandonarlo a su suerte hasta llegar al terrible desenlace que todo el país conoce. Segundo, se perdieron los límites que permiten a una sociedad existir con unas mínimas normas de convivencia. Aquí no se ven argumentos, sino agresiones personales, como el caso del alcalde de Bucaramanga. Tercero, se perdió la dignidad del Congreso con las intervenciones de sus miembros, por ejemplo, la del senador costeño, Zabaraín, que nunca debió llegar a obtener esa curul.

Para completar, surge la duda de quién es el que realmente manda en este país. ¿Cómo así que el sector privado ejerce censura para no molestar al expresidente Uribe, al sacar de la cartelera un documental sobre la negociación del Acuerdo? Por fortuna, parece que Cine Colombia recapacitó. A todo esto, se suma que el Presidente Duque en vez de entender los mensajes que ha recibido sobre las falencias del gobierno, sigue con planteamientos similares a los de siempre que no le ayudan a cambiar la percepción que el país tiene sobre su gestión.

Aceptemos, entonces, que a los colombianos nos están pasando cosas muy preocupantes que demuestran que esta sociedad tiene que hacer esa reflexión profunda a todo nivel. Una reflexión que permita empezar a recuperar ese prestigio que hemos tenido y que ahora no merecemos.

*ExMinistra de Estado