Columnistas

Democracia de calidad

Estamos asistiendo a la crisis del sistema democrático. El populismo y las dictaduras han convertido a estos regímenes en un remedo. Triunfan quienes están en capacidad de engatuzar mejor. Quienes dominan reprimen en nombre de la legalidad. Los corruptos con plena desfachatez hablan de honestidad. Justifican en su nombre y razón de ser la perpetuación en el poder. La ciudadanía aparece apenas como una fabulación. La representatividad es cuento chino. Vivimos en permanentes elecciones de todo y por todo, sin que importen los costos económicos que las mismas generan y los políticos velan sólo por sus intereses y los de su grupo más cercano… Imponen tales aberraciones abrir los ojos y no cohonestar los retrocesos que se vienen dando a este tenor, decir la verdad y hablar de lo que sea políticamente incorrecto.

Se aplica trazar más allá de la coyuntural una responsable y superior democracia, una buena y mejor ciudadanía. Hablarle a la gente sin tapujos. Señalarles su importancia para que sea un pueblo consciente, actuante, participativo, con entidad política activa, fuente de derechos como esencia de la representatividad y no impunemente utilizado, que mira indiferente lo que sucede a su alrededor como un espectáculo más, que apenas responde a la publicidad y la propaganda, que aplaude, desfila y grita cual horda desmemoriada. No, la democracia, si de salvarla se trata y debe ser la tarea, exige una buena ciudadanía, calidad personal a toda prueba, sindéresis, juicio crítico, convicción y no blanduras insulsas.

Requerida es en, por y para la democracia una ciudadanía mejor educada, enterada, informada, menos proclive a la publicidad engañosa, que no le copie a dirigentes mentirosos, a quienes debe exigirles veracidad, realismo, viabilidad y factibilidad en sus ofertas y actuar con el convencimiento que la democracia es cuestión de personas, no de ángeles arcángeles ni querubines. Que exige reglas mejores. Qué Constitución y leyes no pueden ser letra muerta ni instrumentos de poder para unos pocos, sino claros, expresos, ciertos, leales, que consulten la realidad, estables, coherentes, que articulen los legítimos intereses y derechos de las personas. Que hagan que el sentimiento de justicia, seguridad y solidaridad sean diarios, cercanos a cada uno; lo que demanda excelentes legisladores con visión, perspectivas, focalizaciones y horizontes más allá de partidismos y lo simplemente electoral. Servidores públicos probos, administradores de justicia honrados, jueces íntegros, independientes, austeros, temperados

Una democracia que sepa tolerar lo tolerable, que no le apueste porque sí a la descalificación del otro ni a la condena definitiva. Donde se entienda que la publicidad es un todo pernicioso y excluyente que trastorna lo colectivo con sesgos de preferencias, mesianismos, falsedades, promesas y mentiras. La democracia necesita un constructo permanente, más cultura, un sólido sistema de valores, ética cívica, vocación por la libertad, convencerse que existen derechos intangibles que la nutren, que no nacen de la ley y que son anteriores al Estado. La democracia no es una invención que nace en cualquier terreno ni por generación espontánea. A diferencia de los socialismos, que no pueden conformar regímenes republicanos con raíces sociales cuyas pruebas se han erigido sobre bases que niegan la decisión de las personas, terminando en tiranías bajo el rótulo de democracias populares. La democracia no es asunto de políticos, sino de ciudadanía y comunidad, de su calidad, de la representación política y no de la popularidad de los candidatos, grave error que superar.

*Abogado