HOY DIARIO DEL MAGDALENA

Las marcas de la guerra se resisten a dejar el Catatumbo

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Viajar a Tibú debería producir una sensación distinta. La inmensidad de la selva que recubre a este y a los otros 10 municipios que conforman la amplia región del Catatumbo, en el norte del departamento, su gran biodiversidad, el potente faro (único en el mundo), los resguardos indígenas y sus paisajes, por mencionar solo algunos de los atractivos que tiene el lugar, merecerían ser, sin duda, el foco de atención para quienes decidan adentrarse allí.

No obstante, la aventura que podría representar un imponente destino como este, desde hace ya muchos años se transformó en miedo, zozobra y prevención.

Por si fueran poco las pésimas condiciones de la vía, que en realidad es una intransitable trocha que no le hace justicia a los años de explotación y bonanza petrolera vivida en la zona, las marcas de las guerra se resisten a desaparecer del paisaje.

Y es que a pesar de las esperanzas de paz que trajo consigo la desmovilización de una de las guerrillas más antiguas y con mayor presencia en el territorio, las Farc, el fantasma de quienes intentan revivir ese pasado violento sigue recorriendo cada rincón del Catatumbo.

En un buen tramo de los 70 kilómetros que llevan a Tibú, desde La Ye Astilleros, vallas, señales y cuanto letrero se ubica de lado y lado de la carretera  están rayados con grafitis alusivos a esta desparecida agrupación insurgente. De esta forma le dan la bienvenida a quienes por allí se movilizan.

Aunque para muchos esta es una práctica que no es nueva en los años de conflicto que han padecido los catatumberos, la reaparición de estas señales, con el nombre de un grupo que ya se creía extinto, aumenta la tensión.

Exguerrilleros del Frente 33 de las Farc, que operó en Norte de Santander y que ahora hacen parte del proceso de reincorporación en Caño Indio, zona veredal de Tibú, admiten que estos mensajes, sin duda, son una señal de que la guerra va a seguir.

“Nosotros no sabemos cuál es la realidad de las disidencias, no sabemos si son ellos los que las están haciendo, pero sí creo que esta es una señal y un mensaje claro. Esto da miedo”, reconoció una desmovilizada del grupo guerrillero que continuamente está entrando y saliendo del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación.

MARCANDO TERRITORIO

Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación, explicó que este tipo de grafitis en nombre del Frente 33 de las Farc, es una estrategia de la disidencia de esa organización que se ha formado en el Catatumbo, para marcar territorio y decir que están presentes en la zona.

Explicó que según la información que ellos han conocido o que manejan desde la Fundación, este reducto que decidió no seguir haciendo parte de la implementación del acuerdo de paz, está amparado por el Eln, “que le ha brindado un espacio para ejercer el control territorial y que le ha permitido estar ahí”.

Wilfredo Cañizares, director de la Fundación Progresar, coincidió en que este grupo que se apartó del proceso de paz es real y que está en proceso de recuperar los espacios que en un momento fueron de las Farc.

“La presencia de la guerrilla o de algún grupo cuando llega a un territorio o está tratando de recuperar un territorio perdido es así. Casi siempre, el anuncio se hace de esa forma, a través de grafitis, propaganda y mandando mensajes a las organizaciones. Es una demostración de poder ante las autoridades”, consideró Cañizares.

Y si bien es cierto que a lo largo del trayecto que lleva a Tibú, la Fuerza Pública está presente, como una forma de garantizar seguridad y generar  una sensación de tranquilidad a quienes a diario transitan por allí, también es cierto que muchas de esas marcas que producen temor están ahí, al lado suyo, lo cual inquieta aún más a las comunidades.

El general Mauricio Moreno Rodríguez, comandante de la Segunda División del Ejército, reconoció que en el Catatumbo hay un grupo armado organizado, como ha decidido denominarlo el Gobierno, “que pretende generar una confusión, autonombrándose de uno o de otro lado” y frente al cual, aseguró, la función de la Segunda División, “es combatir todos los agentes de crimen que generen inestabilidad”.

“Hay un síndrome de grupos que pretenden, a través de este tipo de situaciones, mostrar un control que no existe, porque al poner una valla, una bandera, un aviso, nosotros lo quitamos. No es algo que sea determinante y es una práctica de grupos que se pretenden autodenominar o mostrar una autoría. Son más muchachos instrumentalizados, que buscan generar desazón y zozobra en las personas”, dijo el oficial.

Hasta el momento, no se tiene certeza real de cómo esté organizada esta disidencia, ni cuántos son esos hombres que han decidido volver a las armas para seguir imponiendo su ley en el Catatumbo. Lo que sí es claro es que su presencia aleja cada vez más la posibilidad de ver no solo a Tibú, sino a los demás municipios de la subregión, de una forma distinta.

CÚCUTA (La Opinión).

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