HOY DIARIO DEL MAGDALENA

El cine…, siempre el cine

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El cine, debería ser un componente en la educación superior actual, incluso provocar algún cambio en la visión sobre lo que es y representa la vida en postconflicto. Existen muchas razones, pero una fundamental quizá, es la que señala Alain Badiou, “el cine es un arte de masas porque es arte de la imagen, y la imagen puede fascinar a todo el mundo” (2004, p.31).

Además, la accesibilidad actual, a los sitios online para ver y descargar películas, lo hace todo más fácil y nos permite ser disruptivos en este siglo XXI cargado de mucha incertidumbre, sobre todo en asuntos geopolíticos.

Y es que con base en el libro “Lo disruptivo en el cine”, la noción de lo disruptivo sin tener en cuenta su significación a priori, de pronto no se aplica a cada uno de las películas que ameriten tal discusión, sino que emerge de la trama de los textos audiovisuales y del estilo y temperamento propio de cada cineasta y la cualidad de lo fáctico en el discurso fílmico, aunque no necesariamente

Entonces surge la pregunta: ¿qué es lo que el cine nos enseña sobre lo disruptivo? Tomemos un ejemplo de  miles que se pueden tomar de la historia del cine: “Sunset Boulevard”.

¿Cómo explicar que el filme es narrado por alguien ya fallecido? En el contexto de la retórica audiovisual tendría claras explicaciones, pero sinceramente, creo que la respuesta hay que buscarla en la idea importante de la película. Esa idea primaria, a mi juicio, no es otra cosa que la historia de aquellos guiones que nunca se llevaron a la pantalla en Hollywood.

¿Y de qué trata entonces ese guión confinado al olvido? Muestra sin rodeos la vida del guionista Joe Gillis (William Holden), y ese mundo de oropel que es Hollywood (para otro análisis). Ahora, la presencia del cineasta Erich von Stroheim como un director de cine ensimismado en Max —mayordomo y escudero de la Diva (Gloria Swanson) —, quien no volverá al set; los podemos descifrar como una isotopía en una metáfora dentro de la metáfora —complaciente por momentos—.

Y es que la transferencia de significado en la relación Mayordomo-Diva, se concibe básicamente como un desplazamiento de la referencia. Nos diagnostica, lo que confirmo al comienzo: Un guion —no llevado a la pantalla— donde la Diva y su director (y debo repetirlo) no tendrán ninguna opción de volver al cine: Él está resignado, ella no.

Ahora, para otras situaciones de la película, y en la más importante que es la relación Diva-Joe Guillis, y para el caso de la semiología de la imagen, podemos considerarlas y evaluarlas como tropos diferentes a la metáfora y propongo el símil, como ejemplo verificable ontológicamente.

Y si “la habilidad para utilizar la metáfora entraña una percepción de las similitudes” (Aristóteles, “Poética”, cap. 22), y que radicalizaron Quintiliano y Cicerón: “la metáfora es una forma abreviada de símil, condensada en una palabra”. Entonces, ¿qué leemos en las imágenes de “Sunset Boulevard”? Pues un filme de símiles sobre aquellos guiones, productores, directores y divas que incrustaron sus anhelos en guiones que nunca fueron aceptados.

Como afirma C. Hausman, las metáforas hacen referencia a realidades o experiencias globales, que se pueden descomponer incesantemente de forma no unívoca. Y para comprender lo anterior, qué símil más hermoso en la cinta, cuando el productor magnate Cecil B. DeMille se ¿burla de ese guion? (entiéndase la visita de Norman Desmond a los estudios de cine), haciéndole creer que volverá a ser, lo que para él no será nunca jamás. Y es que “el cine embriaga hasta el amanecer”.

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