HOY DIARIO DEL MAGDALENA
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La tríada del poder

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En Colombia actualmente, voceros  de varios partidos políticos o de  grupos de ciudadanos están opinando, con preocupación, que el Presidente Iván Duque resiste seria oposición en  el Congreso de la República para que éste le apruebe las propuestas de gobierno que él propuso durante su campaña. Ese inconveniente surge como consecuencia de que el partido de gobierno, su partido, Centro Democrático no cuenta con las mayorías de votos en ninguna de las dos cámaras, ni él ha procurado o logrado una alianza de partidos de gobierno que le permita aprobar las leyes que necesita para llevar a cabo una gestión eficaz.

Algunos colombianos, simpatizantes del Presidente opinan abiertamente que el gobierno anterior, de Juan Manuel Santos, malacostumbró a los parlamentarios, en el sentido de que, para que le aprobaran sus iniciativas programáticas les ofrecería dádivas, representadas en burocracia sin límites, contratistas voraces y otros ofrecimientos, que el país conoce como mermelada, con ello lograba las mayorías parlamentarias.

En cambio, el Presidente Duque ha establecido como norma fundamental, el principio básico democrático mediante el cual el Estado, constituido por las tres ramas del poder público, Ejecutiva, Legislativa y Judicial deben actuar independientes, libremente bajo una coordinación armónica y democrática que garanticen los fundamentos de la ciudadanía: Libertad, Justicia y Equidad; asociados a su lema de gobierno Legalidad, Emprendimiento y Equidad.

Ese principio o tríada del poder lo configuraron antiguos pensadores y filósofos, entre quienes se pueden mencionar Platón, Sócrates o Aristóteles. La separación del poder político se originó por primera vez en la antigua democracia ateniense, y se generalizó en la República Romana; pero fue Montesquieu quien formalizó la división de poderes legislativo.

Universalmente se acepta que la Democracia es la esencia misma de la sociedad política, la forma más característica de su constitución. También se acepta que “la democracia es el gobierno del pueblo”, aunque el concepto de “pueblo” era un concepto procedente de la antigua Roma que incorporó el cristianismo como el “pueblo de Dios”. Aun así, ni qué decir del socialismo o el comunismo expresado como la “dictadura del proletariado”, por lo que se infiere que la democracia política no puede ser socialista.

El gran pensador francés Montesquieu argumentaba que “todo hombre que tiene poder se inclina a abusar del mismo, él va hasta que encuentra límites. Para que no se pueda abusar del poder  hace falta que, por la reglamentación, el poder detenga al poder” De este modo se confía la vigilancia de los tres poderes entre ellos mismos ya que cada uno vigila, controla y detiene los excesos de los otros.

Existe una opinión no muy generalizada, pero sí convergente con la lógica del mandato popular cuando la gente del común considera que no puede representar lo mismo un Senador elegido con 500.000 votos, que otro Senador elegido con 20.000 votos. Yo recuerdo que en alguna otra administración presidencial pasada se anunció con pocos detalles, la propuesta del “voto ponderado”. Esto quiere decir que el voto de los parlamentarios debería someterse a una valoración, de acuerdo con el resultado de sus votos válidos escrutados por la Registraduría Nacional del Estado Civil o en su defecto por el Consejo Nacional Electoral. Esto tendría la misma connotación que los socios de una empresa en su Junta Directiva, pues el voto de aquellos socios que tengan más acciones en la empresa, tienen más peso en las decisiones; pero es bien sabido que «en democracia los votos no se pesan, sino que se cuentan»

Todo lo anteriormente dicho queda sometido a la evolución normal de la gestión propia de los parlamentarios nuestros, quienes actúan con fundamento en el reglamento propio del Congreso de la República.

*Economista

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