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HOY DIARIO DEL MAGDALENA
Debate de alcaldes

Incertidumbre en el vecino país

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Se vienen impulsando algunas iniciativas para hallar una salida negociada a la crisis venezolana, cuyo presupuesto principal debe ser la garantía de una transición democrática sin violencias, en la que haya posibilidad real de que los opositores puedan acceder al manejo del país. Los obstáculos para avanzar hacia ese fin siguen siendo prácticamente infranqueables, lo que ha llevado a generar desmotivación y desespero, que ojalá puedan superarse pronto.

Desde el Grupo de Lima, del que hacen parte Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay y Perú, que rechaza por ilegítimas las elecciones presidenciales del 20 de mayo del 2018, se insiste en la necesidad de fortalecer la presión internacional para que el régimen de Nicolás Maduro abra la posibilidad de elecciones generales anticipadas, con veeduría internacional, y verificar la transición real hacia la democracia. El problema ha sido que Rusia y China siguen respaldando a Maduro, en parte motivados por la importancia del petróleo que produce el país suramericano.

Otra instancia que pretende el mismo objetivo, pero que tampoco ha logrado mayores avances, es el llamado Grupo de Contacto Internacional (GCI), que con el liderazgo de Uruguay y la Unión Europea (UE), y nacido en febrero pasado, ha buscado varias alternativas para que haya en Venezuela elecciones libres, transparentes y creíbles. Bolivia, Costa Rica y Ecuador también apoyan este proceso. Lo más cercano a sus objetivos fue que Maduro anunciara anticipo de las elecciones parlamentarias, lo cual no cumple con el propósito de permitir la expresión real de los venezolanos frente a lo que ocurre en el país y concretar los cambios necesarios.

Ahora bien, la llamada Iniciativa de Noruega ha sido la que más lejos ha llegado en la posibilidad de hallar soluciones viables para Venezuela, logrando que delegaciones de Nicolás Maduro y de Juan Guaidó se encuentren cara a cara, como lo hicieron la semana pasada en Oslo, para tratar de encontrar un punto de acuerdo hacia la transición democrática en el marco de la Constitución. De la reunión secreta no salió nada concreto, pero se conoce la intención de mantener los diálogos con la idea de encontrar fórmulas que le den posibilidades al cambio. En cualquiera de los escenarios lo que se necesitan son resultados palpables que acaben con la incertidumbre en el vecino país.

El gran temor es que los chavistas aprovechen el diálogo no solo para sacar ventaja y fortalecerse en el poder, sino para dilatar la posibilidad de soluciones reales. Bajo ese mismo escudo países como China, Rusia o Irán podrían robustecer su influencia en esta parte de América y plantear conflictos que nos podrían poner en aprietos. En ese sentido es positivo el acercamiento diplomático de Colombia con Rusia, por ejemplo, si dichos pasos conducen a encontrar una salida que nos sirva a todos y evitar una infértil estrategia armada. Sin embargo, juega en contra de este fin que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anuncie un día que los rusos se irán de Venezuela, y que al día siguiente Rusia desmienta esa versión y afirme que mantendrá su apoyo a Maduro.

Como sea, es importante agilizar una salida pacífica del actual conflicto venezolano, un avance hacia una democracia clara que fije un nuevo horizonte para ese país. La afectación que viene teniendo Colombia debido al masivo fenómeno migratorio alcanza ya ribetes de emergencia en las zonas de frontera, y en la región central se perciben efectos negativos de consideración que necesitan remedios prontos. Hay que seguir explorando posibles salidas pacíficas que se enfoquen en lo que le conviene al pueblo venezolano.

*Internacionalista

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