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HOY DIARIO DEL MAGDALENA

Respetar el Estado de Derecho

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Asegura la inteligencia militar colombiana que el exguerrillero Jesús Santrich, quien está llamado a comparecer ante la Corte Suprema de Justicia el 9 de julio por un supuesto caso de narcotráfico, pasó la frontera hacia Venezuela el pasado fin de semana, después de abandonar su esquema de escoltas. Si eso resulta cierto, su grave error perjudicaría de manera seria el proceso de paz que el Estado colombiano pactó con las Farc, y en cuya implementación y concreción está puesta la esperanza de los colombianos para que por fin llegue la paz estable y duradera.

El último lugar en el que se supo su paradero fue la zona de concentración de desmovilizados de esa guerrilla en el Cesar. Hay versiones encontradas acerca de lo ocurrido para que decidiera irse, pero su determinación se suma lamentablemente a lo hecho por alias el Paisa, Romaña e Iván Márquez, quienes están a punto de perder todos los beneficios por su desarme, debido a que no han comparecido ante la Justicia Especial para la Paz (JEP). Ojalá que su desaparición sea pasajera y que lo veamos dando la cara ante la Corte, como debe ser. Lo contrario sería una burla al Estado de derecho que confió en su disposición de acatar la ley.

Razón tienen las Naciones Unidas al exigirle a Santrich que cumpla sus obligaciones con la paz, porque su actitud es irresponsable hasta con sus propios compañeros que sí han mostrado toda la voluntad de avanzar en sus compromisos. Cuando hay tantas dudas acerca de su conducta después de firmado el acuerdo, en diciembre del 2016, tiene que poner la cara y demostrar que es inocente. Es cierto que hasta hoy no hay orden de captura en su contra, y por tanto no se puede decir que está fugado, pero el hecho de que no aparezca abre campo a las conjeturas acerca de su posible abandono del proceso.

Es indiscutible que este caso se ha convertido en una piedra en el zapato, y que de alguna manera le otorga la razón a los críticos que exigen cambios en lo acordado. Sin embargo, el hecho de que la mayoría de dirigentes del hoy partido Farc estén participando activamente y en forma positiva en la política también evidencia los aciertos. Un balance objetivo de los resultados hasta el momento arroja que el paso dado por Colombia es bueno, y que el peor error sería que asuntos coyunturales como este tire todo por la borda.

En todo proceso de paz es lógico que haya situaciones que generen duda. Así ha pasado en otras épocas y regiones del mundo, pero el balance posterior siempre es de ganancia: siempre será mejor la paz que la guerra. Por eso, siendo preocupante lo que ocurre con Santrich tampoco puede verse la situación como una hecatombe para justificar constituyentes u otras ideas para refundar el país, como algunos pregonan. Al Estado lo que le corresponde es proteger a los desmovilizados que están cumpliendo, y perseguir y llevar a juicio a los que abandonen el proceso de paz.

Como colombianos debemos reflexionar acerca de la necesidad de acelerar la implementación de los acuerdos en todos sus aspectos. En la medida en que se avance con mayor velocidad no habrá posibilidad de que se encuentren argumentos para torpedear la paz. Entre más asuntos estén en el limbo, y entre más exguerrilleros terminen asesinados, la posibilidad de que se derrumbe lo alcanzado está abierta. Hay que proteger la paz y exigir a todos los involucrados en los acuerdos que cumplan y no dejen solas a las víctimas, que deben ser las que gocen de la verdad, la reparación y la garantía de no repetición.

*Internacionalista.

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