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HOY DIARIO DEL MAGDALENA

El fuego en la Amazonia enciende cumbre del G7

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Los presidentes de los países más poderosos del mundo –o al menos los que se aceptan entre sí como parte de ese grupo– se dan cita a partir de este sábado en la ciudad de Biarritz, Francia, custodiados por 13.200 policías de la ira de los manifestantes que, en varias ciudades, rechazan el encuentro número 45 del Grupo de los 7 (G7).

Los miembros –Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Japón y Canadá– llegan a esta reunión anual en medio de roces diplomáticos entre ellos. Aunque, en realidad, el mayor objeto de estas tensiones no está presente en la reunión: el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.

La selva ocupa la discusión

La cumbre coincide con la atención global hacia el fuego en la Amazonia brasileña, donde según datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) han aumentado en un 83 % los focos de incendio en lo corrido de este año.

La reacción de indiferencia de Bolsonaro –quien insinuó sin pruebas que las llamas podían haber sido provocadas por los ambientalistas– llevó a que los gobiernos de Alemania y Francia criticaran directamente su gestión ambiental e, incluso, a que el anfitrión de la cumbre, el mandatario francés Emmanuel Macron, lo llamara mentiroso.

Fuentes de la presidencia francesa, citadas por la agencia Efe, señalaron que, para Macron, “el presidente Bolsonaro le mintió en la cumbre de Osaka” del G20 sobre su intención de reducir el impacto ambiental en la Amazonia.

Por petición de Francia y Alemania, el tema de la protección de la selva brasileña estará en este encuentro del G7, aunque para el exministro de ambiente colombiano, Manuel Rodríguez, es poco probable que en esa reunión se tomen acciones concretas.

“Desde hace 30 años el G7 ha tenido iniciativas para adoptar un convenio global para luchar contra la deforestación, pero no ha sido posible. No existe un mecanismo concreto para que el grupo coaccione a Brasil”, señala.

Crisis del multilateralismo

El otro asunto que será transversal en estos tres días de cumbre, para Rafael Piñeros, profesor de relaciones internacionales de la U. Externado, será la legitimidad del G7 como un espacio discusión del poder global, a pesar de dejar por fuera actores como China y Rusia, la cual salió del grupo como sanción por la anexión de Crimea en 2014.

“De no ser por Japón, esta sería una cumbre euroatlántica”, señala Piñeros, quien agrega que desde su origen en 1973, ha sido criticado como un “club de grandes potencias que parece una extensión del Consejo de Seguridad de la ONU”.

Pero, tras casi medio siglo, los cambios en el mapa geopolítico no solo han incluido nuevos jugadores, sino que han minado el consenso entre los propios integrantes del G7.

Como señala Piñeros, ninguno de los 6 miembros puede decir que su relación con el gobierno estadounidense de Donald Trump haya sido exitosa. El antecedente de Canadá el año pasado sigue vigente, cuando el mandatario republicano desautorizó por Twitter la declaración conjunta de la cumbre que recién había firmado.

Para prevenir ese escenario, Macron optó por cancelar de entrada una declaración conjunta. Así pues, los 7 países que en su momento se erigieron como los más poderosos del mundo, se encontrarán en medio de disputas internas y externas, y con la certeza de que, cuando terminen de hablar, no dirán nada al unísono.

El Colombiano

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