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HOY DIARIO DEL MAGDALENA

Andrés Uribe

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Preferimos mantener los paradigmas en el anonimato. Error mayúsculo. Porque nos muestran todos los días historias de vida que no merecen consideración alguna, a no ser la del rechazo absoluto y el olvido.

En 2018 el Museo de Arte Moderno de Bogotá, dirigido por Claudia Hakim, digna sucesora de la inolvidable Gloria Zea, organizó una Gala para rendirle homenaje a Lilly Scarpetta como importante coleccionista de arte y apreciada filántropa. Hoy, 14 de septiembre, esa Gala se hace en honor de Andrés Uribe Crane. Una personalidad que se ha caracterizado por su éxito en el mundo empresarial, su interés en el desarrollo de la educación. Todo en silencio. Sin ostentación, con discreción ampliamente reconocida.

Andrés Uribe fue secretario general, miembro del Consejo Directivo (ahora llamado Superior) de la Universidad de los Andes y rector durante uno de sus períodos más difíciles (1975-1977). Fue rector muy apreciado. Supo navegar, con mucho tino, las aguas más o menos turbulentas de ese momento. Siempre acertado. Cuando decidió retirarse, el Consejo Académico exaltó su gestión y, particularmente, su respeto al profesorado y a la vida académica. Le otorgó lo único que esa comunidad puede ofrecer: lo declaró Profesor Honorario. Era conferirle lo que él nunca había pretendido. Un bello gesto.

Sacó adelante una importante empresa, Cementos Diamante, que una vez estabilizada vendió a una empresa global, Cemex. Ha estado vinculado a otras, principalmente a Xerox y desde hace un tiempo a Ladrillera Santa Fe que hoy preside su hijo Carlos Andrés Uribe Arango. Ha formado parte de diferentes organismos, como la Cámara de Comercio de Bogotá (Presidente), la Andi, etc. En todos ha prestado importantes servicios, envueltos en persistente discreción. Obviamente, ha estado animando el Festival de Música Clásica, de Cartagena y, hace poco tiempo, me mostró una impresionante colección iconográfica sobre Simón Bolívar, que seguramente es la mejor. Nunca había mencionado su existencia y este columnista había sido su compañero de muchas actividades y caminatas conversadas.

Al igual que su reconocido padre, Andrés Uribe Campuzano, disfruta de la comida más exquisita de los mejores chefs, como de la que se ofrece en Bogotá en los restaurantes populares. Ha sido muy colombiano no obstante su educación en Estados Unidos.

El premio que le otorga hoy el Museo de Arte Moderno exalta su condición de filántropo y de promotor de las artes.

Si tuviera que describirlo con una palabra, diría prudente. No recuerdo acto suyo alguno que se pareciera a la exageración o buscara ‘grandeur’, aparecer como grandioso. Por ello, me ha parecido tan paradójico que el oportuno y justo homenaje, se llame ‘Extravaganza’, un apelativo que busca, por contraste, destacar lo que es más notorio en Andrés Uribe, su sencillez, modestia, moderación, prudencia. Nunca ha pretendido mostrar lo extraordinario que es y, normalmente, ha buscado aparentar menos.

Andrés es un paradigma, una referencia que ojalá sea imitada por muchos, al estilo ejemplarizante que han sido sus hijos, Carlos Andrés y Ricardo.

Hablar de Andrés Uribe exige hablar de su primera esposa, María Elvira Arango (q.e.p.d.), y ahora de Clarita Carreño, inteligentes, cultas y con muy interesantes personalidades.

En un país donde el éxito está prohibido, excepto para actores, cantantes, pintores, escultores, deportistas, es una maravilla que un grupo de buenos ciudadanos se congregue para proclamar las virtudes de Andrés Uribe Crane.

*ExMinistro de Estado

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