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HOY DIARIO DEL MAGDALENA

La mentira no tiene futuro

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Fundamental será en todo momento, tiempo y lugar comprobar la importancia social, las una y más implicaciones tanto negativas como positivas de decir siempre la verdad, toda vez que intercomunicarse con verdad cimienta la confianza mutua; y verdad y confianza soportan la amistad. Hablar con la verdad es abrirle espacios a las relaciones con quienes valoran la realidad y parte de ella son el derecho y la dignidad del otro. Decir la verdad implica consolidar relaciones. No es ni será fácil nunca confiar en quienes callan la verdad, en quienes la ocultan, en quienes mienten por costumbre.

La confianza influye en las relaciones de sociedades de diversa naturaleza y de diverso nivel, hasta en las relaciones internacionales. En las familias, cuyos miembros no se engañan mutuamente, hay confianza, perdón y mutua ayuda. No se engañan, porque ganan y se alegran con el bien de los otros; porque hacen suyo el gozo o el dolor del otro. La confianza es un fundamento de la paz y de la concordia en las relaciones personales, como las familiares y locales, y en las relaciones entre sociedades pequeñas y grandes.

 De allí que no sea desmedido sostener que es mucho como se ha menguado en el terreno personal y social decir que la verdad, la realidad, como se ve y se muestra no es lo que es. Tampoco las intenciones y los deseos. Decir la verdad implica manifestar solamente lo relacionado al tema de un diálogo concreto. Se ha disminuido la expresión de la verdad, hasta el punto de tener que optar por el artificio y la trampa para causar daño, como para obtener ventajas. La comunicación se ha falseado de tal manera que festejamos, aplaudimos y hasta le damos, muchas veces de forma inconmensurable a la habilidad para engañar, como si ello fuera plausible o loable, calificación y hazaña de sagacidad.

La política, debido a la mentira, es actividad que se ha prostituido por demás. Hoy de manera normal se le confunde con el engaño, toda vez que presenta imágenes y promesas como realidades. El mal político, normalmente un populista de baja estofa, logra mediante engaños que lo siga una caterva de imbéciles, gente irracional; lo que no sucede con quienes en la misma sociedad son personas maduras, ellas sí racionales.

Por ello el llamado es a no comer cuento como se dice coloquialmente, exigir que se nos hable con verdad, con prudencia, grandes valores y de la mayor importancia para la gente y la sociedad. La verdad, a diferencia de la mentira, evita conflictos, aporta al bienestar de las personas, entraña definitivamente libertad creadora. saramara7@gmail.com