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HOY DIARIO DEL MAGDALENA

Violentos y felices

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La historiadora Margarita Garrido, en reciente conferencia, ha dicho que Colombia es un país que le gusta graduarse de todo y que no trabaja por una propia identidad.

Y así es: si nos referimos al tema de la violencia, sin duda aparecemos entre los mas violentos, pues nos invade la delincuencia común, el narcotráfico, la corrupción y otras especies. Y si se hace una encuesta de felicidad, pues resulta que si no aparecemos de primeros, estamos muy cerca. ¡Quién entiende?

Lo cierto es que estamos en un país despistado; no somos conscientes del escenario que vivimos y tampoco nos sentamos a diseñar el verdadero derrotero para poder atacar efectivamente los problemas que padecemos; cualquier persona llega y nos echa un cuento chimbo y terminamos creyendo todo lo que nos dice, y ésta la razón por la cual el país sigue igual o peor.

¿Cómo es eso, de que somos un país violento y a su vez somos felices? Eso no es mas que un contrasentido, pero desgraciadamente en Colombia es una realidad, porque además somos eso: un país de contrasentidos que apoyamos una tesis, pero si se nos presenta exactamente la contraria, también la apoyamos y estamos de acuerdo.

Aquí podemos encontrar la razón por la cual el fenómeno de la violencia nos ha acompañado siempre, en distintas versiones, pero siempre; porque nunca nos hemos detenido a hacer un análisis serio que nos permita entender qué es lo que pasa y diseñar una catarsis para poder despojarnos del problema y de esta manera generar un escenario propicio para actuar con mas tranquilidad, sabiendo que lo que nos atacaba y afectaba ha tenido una respuesta y es posible construir una solución.

Y el fenómeno de la violencia se repite en el de la corrupción y en el de la delincuencia y en el del narcotráfico: eternos problemas que cambian frecuentemente sus fachadas, pero que en vez de atenuarse, sus dimensiones se hacen cada vez mas certeras y abarcan nuevos espacios sin que realmente nos inmutemos.

Y debemos hablar también del fenómeno de la guerrilla, que se instala pregonando fines altruistas como la de luchar por igualdades y por equilibrios dentro del poder, así como distribución de la riqueza, pero que terminan acogiéndose a los peores delitos que abarcan abuso de menores y de mujeres, narcotráfico, secuestro, extorción, masacres y desastres ambientales.

Violentos y felices. ¡Qué tal! Pero así nos describimos, mientras que los problemas nos aplastan diariamente.

*Abogado y miembro de la Academia Colombiana de Historia y de la Real Academia Española de la Historia