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HOY DIARIO DEL MAGDALENA

La hora del ajedrez

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Es un juego ideal para estos tiempos del coronavirus, la pandemia que juntó pasado, presente y  futuro en el adverbio hoy. Como  vivimos días eternos  es lícito  refugiarnos en todas las formas de  lúdica.

El ajedrez es  una magnífica opción para poblar el forzoso sabático en el que vivimos en zugzwang,  voquible alemán que describe al jugador que está contra la pared.

Difícil imaginar mejor compañía. Para describir el juego robémosle a Lope de Vega migajas de su soneto sobre el amor:

Desmayarse, atreverse, estar furioso, áspero, tierno, liberal, esquivo, alentado, mortal, difunto, vivo, leal, traidor, cobarde y animoso.

El ajedrez no pide plata prestada, no regaña, no pone zancadillas, no traiciona, no se roba tu novia. Es exigente pero genera felicidad, alborota y reta todos los sentidos.

Es el único deporte de élite que no ha suspendido actividades. En Yekaterinburgo, Rusia, se juega el torneo del cual saldrá el retador del campeón Carlsen.

Mal hecho. Todos deberían estar en casa acariciando el gato, escoba en mano, haciendo oficio, no levantando los pies para que barran por debajo. Nadie tiene corona en tiempos del coronavirus.

La noticia del  torneo no aparece ni en el pasa del periódico. Covid-19 arrasó con todo, noticiosamente hablando. El mundo sólo gira alrededor de la pandemia. Si se acaba el mundo por estos días nadie se dará por enterado. Estamos pre-ocupados, entretenidos.

En esta eliminatoria el rey es Alpha Zero, sofisticado programa de ajedrez que sabe más que Dios, la CIA y Google juntos. Muchos jugadores lo usan como su espíritu santo de silicio.

Es tan avanzado que le han ordenado que ayude a encontrar la vacuna contra el covid-19. Si Alpha encuentra la contra, y quiéralo Caissa diosa del ajedrez, podríamos recibir en el wasap esta orden suya: Pase por su dosis personal de vacuna. La fiesta de la vida continúa. Pero a ver si cogemos juicio.

El ajedrez se puede jugar en soledad como el yo-yo o el yo con yo; o acompañado como en el tenis, en el que siempre hay un ganador.

En el juego eterno los de arriba muchas veces juegan al empate. Para acabar con esa zona de confort circula la propuesta de que al final de cada partida haya siempre un triunfador.

En la red encontrarán profesores que lo pondrán en condición de disfrutar del deporte que le lleva dos mil años al coronavirus. (En lo sucesivo se hablará de antes de c. y después de c.: antes y después del covid-19)

Repito que el ajedrez dio origen al primer gran conejo. El rey beneficiario de ese pasatiempo quiso recompensar a su inventor, echaron números con el ábaco pero la cuenta era tan alta que no tenía con qué pagarla. Puso conejo.

Unos se regalan casas, libros, viajes, banquetes, amantes… Párenme bolas que el ajedrez es la gran compañía: Regálenselo.

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