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HOY DIARIO DEL MAGDALENA

Siglos de historia descubren en el suroccidente de la Sierra Nevada

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El reenterramiento realizado en 2017 tuvo la dirección de los mamos, orientadores de la ley de origen de los pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta.

 

En mayo de 2005, durante la ampliación de una subestación de energía eléctrica, se encontró un yacimiento arqueológico con vestigios humanos y materiales que permitieron ampliar el conocimiento sobre antiguos habitantes de un territorio ancestral.

La subestación está ubicada en el municipio de El Copey, departamento del Cesar, en un paisaje de piedemonte que delimita las tierras montañosas de la Sierra Nevada de Santa Marta y las sabanas del valle formado por el río Ariguaní, afluente del río Cesar.

En concertación con las comunidades indígenas, se llevaron a cabo actividades orientadas a la gestión y protección del patrimonio arqueológico, con una mirada interdisciplinaria que vincula la geofísica, la pedología, la bioantropología, la arqueología, la etnografía y la historia.

Gracias a las indagaciones arqueológicas, se sabe que esta población indígena habitó el territorio durante mil años, del siglo IX al XIX (dos siglos antes de hoy), que perteneció a cuatro líneas familiares y que conformó generaciones de 93 individuos cada una, con un promedio de vida de 35 años.

 

El yacimiento arqueológico de la subestación El Copey está ubicada en el sector suroccidental de la Sierra Nevada de Santa Marta, en un valle estrecho y ligeramente ondulado.

 

Se pudo determinar también, que su ascendencia racial es de tipo Sundadonte, pues conservan un antiguo linaje racial, heredado probablemente de los primeros pobladores del continente americano, que llegaron del sureste de Asia hace más de 14 mil años.

En el yacimiento se encontraron varios grupos cerámicos que pueden agruparse en dos conjuntos: uno claramente relacionado con cerámica identificada en el contexto regional amplio, como la Portacelli carmelita Tosca, la Portacelli Corrugado y la de tipo Plato Rojo; y otro formado por copas y cuencos pequeños de buen acabado, evidencia de desarrollos locales que no se habían identificado en la zona.

Se descubrieron raspadores, cuchillos y perforadores, así como gran cantidad de trozos pequeños y delgados de piedra, lo que indica que estos artefactos fueron tallados allí mismo.

Fueron identificados metates, placas y morteros usados en la molienda y maceración de productos, y azadas que pudieron ser utilizadas en labores agrícolas.

Estas evidencias, sumadas a otros aspectos del registro arqueológico, sugieren que la yuca, el maíz y probablemente el fríjol, fueron parte de su alimentación.

 

 

Los restos óseos pertenecen principalmente a cuatro líneas familiares que habitaron el área durante diez siglos.

 

También se hallaron bienes materiales, como un collar de cuentas cerámicas, un dije tallado, una orejera, una ocarina fracturada, una flauta elaborada en hueso y fibras de algodón que forman una trenza.

El yacimiento arqueológico hallado en la subestación El Copey hace parte de la denominada Línea Negra, un límite territorial sagrado de los pueblos ancestrales de la Sierra Nevada de Santa Marta. Su intervención generó afectaciones espirituales que debían ser reparadas.

En este aspecto, el proceso de consulta previa con la comunidad arhuaca resultó fundamental. Gracias al diálogo y la concertación, se definieron las condiciones de excavación y el tratamiento de los hallazgos arqueológicos bajo la dirección de los mamos, orientadores de la ley de origen de estos pueblos.

Para honrar la voluntad de los arhuacos, la empresa responsable de la ampliación de la subestación –Intercolombia– asumió el compromiso de analizar las evidencias arqueológicas y realizar su reenterramiento, en el mismo sitio donde fueron encontradas.

También bajo la orientación de los mamos, el equipo de arqueología de la Corporación GAIA seleccionó y preparó los conjuntos óseos, el material cerámico y los elementos de piedra, y en junio de 2017 realizó el reenterramiento de todos los elementos hallados, para restablecer el equilibrio, la armonía y la integridad de los seres con la naturaleza, alcanzar la sanación del mundo y preservar el carácter sagrado del lugar./Colprensa