HOY DIARIO DEL MAGDALENA

No hay estímulos a la producción

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Cada vez que el Gobierno fanfarronea alrededor de tener recursos para apoyar a las Pymes y las microempresas en el país, se somete a la burla porque quienes debieran ser los beneficiarios nunca reciben las supuestas bondades con las cuales el sistema bancario y financiero del país trata al aparato productivo de la Nación.

Uno de los pilares para que en Colombia haya paz duradera es que el Estado, junto con las entidades que conforman el circuito financiero, implementen sólidas, amplias y eficaces políticas de otorgamiento de microcrédito a los pequeños emprendedores, no solo en nuestras ciudades y departamentos sino, con empeño, pragmatismo y eficacia, en las regiones en que más violencia ha habido en la Nación

Mucho se han publicitado las campañas en pro del otorgamiento de microcréditos que hace el sector financiero y si bien bastante se ha andado en tal política en los últimos 15 años, los datos estadísticos desnudan la realidad en tal materia: hay aproximadamente 9.7 millones de microempresarios, de ellos unos 6.2 millones no tienen acceso a los créditos que otorgan las entidades financieras vigiladas, es decir, cerca del 65% tiene que recurrir al crédito informal, al “gota a gota”, si desea iniciar lo que ahora se llama “un emprendimiento”.

Las entidades de crédito otorgaron en 2017 créditos de consumo a cerca de 8 millones de usuarios y en tal período de tiempo solo se otorgaron 3.3 millones de créditos para microempresarios. Así, el volumen de la cartera de microcrédito como proporción del PIB es del 1,3%, mientras que el de los créditos comerciales es del 26,3%.

Además, la política de colocación de crédito de entidades del sector financiero está concentrada en pocas regiones andinas, mientras en las regiones más distantes, con más necesidades, es donde menos oferta hay.

Quienes conocen y analizan el problema señalan que Finagro no apoya a las microempresas, que la asistencia a ellas viene fundamentalmente de cooperativas, fundaciones sin ánimo de lucro, ONGs.

El microcrédito no podrá salir del foso en que está mientras no haya políticas más pragmáticas, se haga a un lado la asfixiante tramitomanía, papeleo y carga tributaria que tiene; se modifique la estrategia financiera, haya más inteligentes estrategias de educación, se ofrezcan líneas de crédito más sencillas, fáciles de entender y manejar, es decir, se ajusten más a las necesidades del usuario y haya buena conectividad electrónica con las regiones apartadas.

El país y sus dirigentes deben entender que este frente es fundamental para luchar realmente contra la pobreza, el atraso, la informalidad y para lograr una paz duradera.

Ojalá y en este debate presidencial en el que nos encontramos, salga una propuesta audaz que pueda ser materializada a favor de los pequeños y medianos microempresarios del país.

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