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Editorial
¡Colombia está feliz!
Ayer en este mismo espacio editorial nos
referíamos a la suerte de nuestros compatriotas
secuestrados. Y llamamos la atención de la comunidad
internacional y de la sociedad colombiana para continuar
insistiendo en conseguir la liberación de centenares de
personas que permanecen plagiadas en poder de la guerrilla y
considerábamos que la presencia de delegados en los países
de Francia y Suiza debería dar resultados concretos en las
diligencias que comenzaron a hacer ante las Farc con la
autorización del Gobierno Nacional.
Pues
bien. La noticia no puede ser mejor. ¡Colombia está feliz! Y
tiene sobradas razones para estarlo. Por fin Ingrid
Betancourt ha recobrado la libertad. Al igual que tres
ciudadanos norteamericanos y once miembros de la fuerza
pública, muchos de ellos con más de 10 años de secuestro en
poder de las Farc. Es tal vez el golpe más demoledor y
contundente que haya recibido la guerrilla en su medio siglo
de existencia. Y sin lugar a dudas el mayor triunfo
histórico de todos los tiempos de las Fuerzas Militares.
Hoy no
hay objeción alguna acerca de la eficacia de la política de
Seguridad Democrática, así los apátridas no quieran
reconocerlo. Como también hay que reconocer la enorme
capacidad y el profesionalismo de nuestros soldados y
policías, que con esta operación han sabido demostrarle al
mundo entero el temple para la adversidad.
Cuando
tuvimos la oportunidad de escuchar a Íngrid Betancourt en
sus primeras declaraciones al saber que era libre, sus
palabras debieron dejar hinchados los corazones de 42
millones de colombianos, que como ella siempre han confiado
en el Ejército Nacional.
¡Jaque
mate!. Es sin lugar a dudas la mejor expresión para definir
esta contundente y demoledora derrota contra una de las
organizaciones terroristas más rechazadas en el mundo,
después que la comunidad internacional conociera el
aberrante delito del secuestro y los vejámenes cometidos
contra los rehenes. Llama eso sí la atención que ventrículos
como el que hoy funge como presidente de Bolivia haya
querido demeritar la capacidad y el accionar de nuestras
Fuerzas Militares frente al éxito alcanzado con el operativo
de liberación. Como también ha de hacerse reflexiones sobre
el papel protagónico de otras personas cuyos nexos evidentes
con el terrorismo y el accionar criminal del mismo ya no se
puede dudar. Se les acabó el discurso a Chávez y los
chavistas que rondan por estos lares y aun cuando ustedes no
lo crean, gozando de los privilegios de la Nación, la misma
a la que maldicen y denigran de los héroes que como los
soldados de Colombia son hoy nuestro mayor orgullo.
A partir
de hoy Colombia será otra. Todavía hacen falta otros tantos
compatriotas que permanecen en las selvas a merced de una
guerrilla, que definitivamente no le queda otra opción
diferente que la de desintegrarse para avanzar en los
caminos de la paz.
Ha
quedado demostrado ante el mundo entero que no era necesario
entregarle a la guerrilla territorios liberados para poder
dejar en libertad a los secuestrados. Que la percepción del
Gobierno Nacional en este sentido era la más acertada y el
tiempo terminó dándole la razón. |