Columnistas

Gobierno y partido (s)

¿Cuál es la relación entre el gobierno y el partido o los partidos que lo apoyan? La respuesta puede ser simple. La Constitución colombiana es contundente al respecto. El artículo 188 dice así: “El Presidente de la República simboliza la unidad nacional (…)”.

Por definición, un partido es, precisamente eso, una parte de la Nación, un segmento, así sea mayoritario, que no pretende representar la unidad nacional sino una perspectiva diferente de la de otras partes, partidos o movimientos.

Tiene toda la razón la señora vicepresidente, Martha Lucía Ramírez, al afirmar que una cosa es el Gobierno y otra el Centro Democrático. Es apenas obvio.

Este planteamiento me recuerda una reunión que, superados los primeros meses de la administración Barco (1986-90), solicitó la dirección nacional liberal para plantear cómo debería ser la relación, en el esquema gobierno-partidos de oposición introducido por el presidente Barco, entre su partido y el gobierno. No fue fácil. En algún momento, siendo el ministro de Gobierno, solicité al presidente que me permitiera escribir un documento sobre la materia.

A nadie se le ocurriría que el gobierno debe ir en total contravía con el partido o los partidos que lo apoyan. Pero tampoco es su papel buscar, en la formulación de las políticas públicas, completa identidad con estas fuerzas. Ni ellas deben pretender dominar el gobierno. Son dos tareas bien diferentes. El gobierno tiene mandatos constitucionales que no puede soslayar. Y las fuerzas políticas que lo apoyan tienen deberes frente a sus militantes y simpatizantes y siempre, buscan proyectarse hacia el futuro. Y para cumplir ese propósito no siempre pueden coincidir con las propuestas y acciones gubernamentales. Otro es el fenómeno en un régimen parlamentario, en el cual la relación gobierno-partido-parlamento es completamente diferente.

 

Y, también, es bien distinta la situación si el presidente puede reelegirse inmediatamente. El partido político sí tiene en todas partes esa capacidad de reelegirse. Lo propio se diría de una coalición que respalde al gobierno, y ello también aconseja que haya diferencias. Un partido o una coalición no siempre puede asegurar su continuidad si se identifica totalmente con el gobierno.

Una rápida revisión de lo que ha sido la experiencia política colombiana aún dentro del Frente Nacional, así lo revela. Y luego, a partir de la presidencia de López Michelsen (1974-78) fue más que evidente que no había identidad absoluta entre el gobierno de López Michelsen y el sucesor Turbay Ayala. Y para la continuidad del liberalismo en el poder después de Turbay Ayala hubo una división muy fuerte encabezada por Luis Carlos Galán, apoyada por el expresidente Carlos Lleras que frustró la aspiración reeleccionista de López Michelsen.

El expresidente César Gaviria ha reconocido, en foros académicos celebrados en la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, que buena parte de su gobierno fue continuidad de las políticas de Virgilio Barco. Hubo continuidad en muchos temas (Constituyente, apertura económica, etc.), hubo continuidad de funcionarios. No ocurrió lo mismo en el caso de Gaviria y el sucesor Ernesto Samper. Hubo desacuerdos antes, durante y hasta la fecha.

La existencia de matices, desacuerdos, perspectivas diferentes, no constituyen una oposición. Es el devenir normal de la vida política. Tensiones, contradicciones, confrontaciones, silencios, forman parte normal de esta relación gobierno-partidos que lo apoyan. Es un aprendizaje que no debe sorprendernos.

*ExMinistro de Estado