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Malecón

Voté en blanco en la segunda vuelta, pero aspiro a que le vaya bien al nuevo presidente, y que sean su propia visión del país y su criterio los que prevalezcan en sus actos de gobierno, pues de él, solo de él y de su equipo, será la responsabilidad por lo que hagan o dejen de hacer con fría circunspección.

Encontró Duque un país repleto de contrastes tan protuberantes como la polarización que marcó los cuatro años finales de Santos, no propiamente por el “patriotismo” de los dos últimos expresidentes, sino por el torneo de rencores y soberbias de ese par de personalismos malsanos. Pero el país siguió con los ojos claros y sin vista, a la espera de que se aclare su horizonte y de que Duque, que ya no es oposición sino gobierno, huya de ese dúo de pasiones que anulan la sindéresis. 

Ningún pacto o consenso entre su partido y los que se le arrimaron cuando su candidatura olió a triunfo definitivo, le funcionará si se equivoca en el manejo de la paz. Salirse de la senda trazada por los acuerdos, la legislación posterior y las sentencias de la Corte Constitucional, puede acarrearle obstáculos que afecten las expectativas que ha suscitado su oferta de cambios, comenzando porque su ministro de Hacienda declaró que en el proyecto de presupuesto no hay un céntimo para sus programas.

Tiene Duque en la Farc una contraparte que también cuenta y a la que, a través de una política de Estado, se le garantizaron libertades y derechos políticos. No será fácil persuadirlos con imposiciones que reduzcan lo que obtuvieron, porque peligraría la culminación del posconflicto, se atravesarían repercusiones en el proceso con el Eln y quién sabe cuántos palos en la rueda se le cruzarían a la coalición parlamentaria si hay juego sucio del Centro Democrático (CD), por un lado, y sonrisas de atracción del primer mandatario, por otro.

No le convendría a Duque, por motivos partidistas, enfrentar al Ejecutivo con la Rama Judicial. Ya pisó en falso al tomar el llamado a indagatoria de Uribe, siendo presidente electo, como una arbitrariedad enfadosa de la Corte Suprema contra el senador y jefe del CD. No fue una actitud prudente tratándose de un auto de simple trámite. Nadie iba a dudar de su lealtad si guardaba silencio y se ahorraba las alusiones directas a una presunta doblez de los magistrados instructores. Uribe tiene cuatro abogados que lo asisten, más un testigo confiable como el veterano Tuso Sierra.

Al contrario de la hilera de escupitajos de Ernesto Macías, Duque invitó a la unidad y a la concordia. Y cuando reiteró que no reconoce enemigos, ni lo anima el odio a nada y a nadie, reapareció el coleccionista de neurosis y aversiones con sus consabidas pretensiones hegemónicas, coreado por su sanedrín de imitadores e imitadoras de precario verbo propio y menesterosa imaginación

*ExMagistrado y Escritor