Sociales

Cine y espectador Caribe

POR: GONZÁLO RESTREPO SÁNCHEZ
Cineasta y escritor

Siempre que se sale de observar un filme, son muchos los espectadores y de diferentes condiciones de ser. Hay quienes sostienen que muchos de los filmes exhibidos en Bogotá, no son exhibidos en Santa Marta, por ejemplo, dando de entrada, conceptos apresurados del pensar caribeño. De todas formas surge el debate y ¿por qué muchas películas no llegan a las carteleras de Santa Marta?

¿Qué es realmente el espectador de cine? En el artículo de Roman Gubern (“El cine después del cine”) se puede leer: “Si el cine ha muerto en su forma de producción, distribución y consumo tradicional, tal como ha alimentado culturalmente con sus sueños a tres generaciones de espectadores en el seno de grandes salas públicas, el cine pervive en cambio como modelo expresivo fundacional y matricial irrenunciable para el gran magma omnipresente de la cultura audiovisual contemporánea”.

De pronto pienso que hay cierta pereza en salir de casa (ante las nuevas tecnologías que dan precisamente flojera) y ese ritual de ir a una sala de cine se ha ido perdiendo. De todos modos, si tuviéramos que subrayar dos cambios esenciales en la imagen actual respecto al medio cinematográfico, serían en primer lugar: Una  imagen contemporánea  que se asienta en un intruso orden de visibilidad (el que atañe a la imagen digital) y segundo, afecta a un nuevo sistema de textualidad.

Y otra cosa es (como llaman otros expertos en el tema) la cultura de la virtualidad real. Tenemos pues un sistema hondamente compuesto y especializado por la interconexión, la flexibilidad, la fluidez y la convergencia tecnológica. El otro día mi hijo me preguntaba desde su cama (a través de su celular) y en su apartamento que tal era el filme “Los intocables”, de Brian de Palma, que iba a ver a través del televisor y de un canal de cine.

De manera que todo esto es producto del denominado capitalismo cognitivo y no le dé más vueltas. Bernard Stiegler sin embargo, sostiene que la industria (en términos de homogeneización, economías de escala, afán del cálculo a todos los escenarios posibles)  va más allá de todos los dominios, incluso al dominio cognitivo. Afirmando así, que nos topamos ante lo que sería un “encuentro cercano del tercer tipo” denominado capitalismo cultural.

Para entender más este significado, es pertinente recurrir a Yann Moulier-Boutang, uno de los teóricos que prueban arriesgarse en el axioma del marco del capitalismo cognitivo. En este sentido, el pensador advierte que hablar de ello, es básicamente “referirnos a una sociedad de la información, una economía asentada en el conocimiento, donde las capacidades intelectuales del individuo constituyen la parte más importante del proceso de creación de una mercancía, o la mercancía misma”.

Esta meditación abre el evento de que la multitud logre apropiarse del poder mediante la puesta en común de estas capacidades intelectuales, y no es que los caribeños estemos hartos de nunca ir al cine o ver buenas películas. Así que ¡Ahí está el detalle! Parafraseando el título de un filme de Cantinflas.