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Hace un año…

El 6 de septiembre de 2017 el Papa Francisco pisó tierra colombiana. El país lo recibió con una alegre expectativa, a pesar de que la visita estuvo precedida de grandes interrogantes por el nivel de enfrentamiento, polarización e incertidumbre generados por el rumbo que tomaba el proceso de paz. Las festivas y pacíficas multitudes que salieron a su paso daban a cada minuto testimonio de la profunda sed de Dios de un pueblo, en su gran mayoría creyente, que le apostaba a la esperanza. Para el Pontífice, el recuerdo de la visita debe ser hoy un bálsamo en medio de las duras dificultades que enfrenta la iglesia católica.

Paradójicamente, Colombia, una tierra ensangrentada por décadas de violencia será recordada por él, como el último de los países donde escuchó sólo los ¡Hosanna! Después de Colombia, llegó a Chile y allí empezaron los dolorosos ¡Crucifícalo! El destape creciente e incontenible del pecado de pederastia en las entrañas mismas de la Iglesia, se ha convertido en la más pesada de las cruces que llevará Francisco, como cabeza de ella, hasta el final de su pontificado.

Aunque estaba preparado para asumir el peso de esta cruz y presagiaba los ¡Hosanna! y también los ¡Crucifícalo!, con seguridad la visita a Colombia se resignifica hoy también para él. Así le habló a los obispos a su llegada: “Colombia tiene algo de original, algo muy original, que llama fuerte la atención: no ha sido nunca una meta completamente realizada, ni un destino totalmente acabado, ni un tesoro totalmente poseído…se esconde a aquellos que se presentan como forasteros hambrientos de adueñársela y, en cambio, se brinda generosamente a quien toca su corazón con la mansedumbre del peregrino. Así es Colombia” y ésta Colombia paradójica, se brindó toda al Papa peregrino. Esta Colombia ora hoy por el Papa.

Es hora de releer, a la luz de nuestra realidad, el significado profundo de las palabras del Papa, que resuenan hoy, más vivas y evangelizadoras que nunca, en un país, que a pesar de anhelarlo, no acaba de identificar su destino.

El Papa nos hizo pedagogía sobre la reconciliación. Pero, ¿Qué es la reconciliación para Francisco?  “Reconciliarse es abrir una puerta a todas y cada una de las personas que han vivido la dramática realidad del conflicto”. ¿Cuáles son los caminos de la reconciliación? “Como María, decir sí a la historia completa, no a una parte; Como José, dejar de lado pasiones y orgullos; como Jesucristo, hacernos cargo, asumir, abrazar esa historia,…Y esto sólo es posible si llenamos de la luz del Evangelio nuestras historias de pecado, violencia y desencuentro”… ¡Basta una persona buena para que haya esperanza!

¿Esto significa desconocer o disimular las diferencias y los conflictos? “No es legitimar las injusticias personales o estructurales. El recurso a la reconciliación concreta no puede servir para acomodarse a situaciones de injusticia”

Agrega Francisco, citando a Juan Pablo II: “La reconciliación es un encuentro entre hermanos dispuestos a superar la tentación del egoísmo y a renunciar a los intentos de pseudojusticia; es fruto de sentimientos fuertes, nobles y generosos, que conducen a instaurar una convivencia fundada sobre el respeto de cada individuo y los valores propios de cada sociedad”.