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Destruyendo la industria textil

Desde la revolución industrial del Siglo XVIII el sector textil ha jugado un papel fundamental en la industrialización y el desarrollo económico del mundo y sigue siendo un importante generador de valor agregado y empleo en muchos países. En Colombia lo estamos destruyendo.

El sector textil es una cadena de valor que incluye desde los productores de las materias primas (algodón y fibras naturales y sintéticas), las hilanderías que procesan los hilos, los fabricantes de telas y los confeccionistas que elaboran las prendas de vestir y otros artículos para el consumidor final. En Colombia alguna vez todos esos eslabones fueron muy fuertes, pero se han ido debilitando.

La destrucción del sector textil en Colombia empezó con la quiebra y desaparición de los productores de algodón que fue un sector de gran dinamismo. Entre 1950 y 1978 el área cultivada de algodón se multiplicó por diez, pasando de 35.000 a 350.000 hectáreas. Con aumentos en la productividad, la producción de la fibra creció aún más (20 veces) pasando de 20.000 a 400.000 toneladas.

En 1978 comenzó la debacle de los algodoneros, tan catastrófica que el año pasado se sembraron menos de 10.000 hectáreas. Las hilanderías se quedaron sin materia prima nacional y debieron recurrir a importarla. O tal vez fue al contrario: como por la revaluación y la apertura hacia adentro resultaba más barato importarla, se acabaron los productores nacionales.

El siguiente eslabón de la cadena que se está destruyendo es el de la tejeduría y producción de telas. Según el Dane, en lo corrido de este siglo el valor agregado de esta industria ha disminuido 37%, bajando su participación en el total de la producción industrial de 2,5% a 1,5%. Como además Colombia vive un proceso de desindustrialización, y la Industria cada vez pesa menos en el PIB, la participación de la producción de textiles en el PIB se redujo a una tercera parte de lo que era en el 2000 (0,10% contra 0,32%).

A los confeccionistas les había ido un poco mejor. Haciendo ropa con telas importadas crecieron el 60% hasta el 2007, año en que les cambió la marea porque la apertura hacia adentro no solo facilita la importación de telas sino también la de prendas de vestir, de manera que desde ese año han decrecido un 5%.

Tan malos resultados no se deben a que los consumidores estén comprando menos productos textiles. Por el contrario desde principios de siglo las ventas de estos productos en el comercio minorista ha crecido 140%; lo que solo se explica porque las importaciones crecieron 400% hasta el 2014, y solo se redujeron un poco con la devaluación de estos últimos años.

Contrasta esta triste realidad con la de la India donde hay 11 millones de hectáreas sembradas de algodón, el sector textil da empleo a 105 millones de personas y contribuye con el 14% de la producción industrial y el 4% del PIB. Además el objetivo de la política del gobierno es que el sector siga creciendo a tasas del 10% anual, y que en los próximos 5 años cree 35 millones de empleos adicionales.

La diferencia radica en que en India hay un Ministerio de Textiles que desarrolla toda una política de promoción del sector, mientras que en Colombia el Ministerio del ramo se dedicó a firmar TLC y se olvidó de la Industria.

*Economista