Sociales

Dominados por el egoísmo

Por:
ROQUE FILOMENA

Es triste reconocer que vivimos en un mundo donde impera el egoísmo, donde el consumismo, la frivolidad, el materialismo, la insolidaridad y hasta el fanatismo, están por encima de los valores éticos del ser humano y más allá de la generosidad y el respeto por los demás.

Un mundo egoísta altamente contradictorio y confuso, donde individualmente llegamos a alguna parte, pero juntos armamos un trancón y cada cual hace lo que quiera con su vida sin importar lo que suceda a su alrededor ni mucho menos darnos cuenta que los acontecimientos tan desagradables y dolorosos que vemos a diario también sacuden de alguna forma nuestras vidas.   

El egoísmo hace referencia al amor excesivo e inmoderado que una persona siente sobre sí misma y que le hace atender desmedidamente su propio interés. Por lo tanto, no se interesa por el prójimo, más bien rige sus actos de acuerdo con su absoluta conveniencia.

El egoísta se va quedando solo por elección, porque es incapaz de compartir nada, por eso se dice que “cuando desaparece el Ego y surge la conciencia podemos pensar con el corazón”.

Cuando adoptamos una actitud de hierro ante la triste adversidad de los demás, el egoísmo podría compararse al óxido que con su poder  corrosivo va dañando la estructura y el funcionamiento de nuestro ser, porque siempre vamos a estar  expuestos al aire y al agua en el medio que nos rodea, y aun así, no tratamos de eliminar la tendencia al egoísmo sino que dejamos que nos domine.

El egoísmo nos conduce a centrarnos en lo que estamos bien y pasar por alto los aspectos en los que debemos mejorar. El ser humano está programado para actuar por su propio beneficio, es por ello que todo el mundo está destinado a ser egoísta alguna vez en la vida. El egoísta, no reconoce las buenas intenciones de los demás, “se ama a sí mismo sin rivales” como lo señalara Cicerón

El egoísta vive encerrado en su propio mundo, en el que todas las atenciones son dirigidas hacia sí mismo, en su estrecho y aislado universo no existe la empatía. Dicha persona no acepta que todos los seres humanos estamos relacionados y todos somos necesarios para el crecimiento, el aprendizaje y para la vida en general.

De por sí el egoísta es una persona difícil de tratar, tanto así que puede llegar a ser tan egoísta para no reconocer su egoísmo, ya que tal vez puede considerar que eso es algo bueno y que poner las necesidades de los otros antes que la suya es para gente tonta. Pero como decía Francisco de Quevedo “El que quiere en esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos en su vida”.