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La mermelada, el combustible de la JEP

Colombia es un país de paradojas y complejidades en todos sus sectores, pero donde más incertidumbre y sorpresas encontramos es en el sector público.

A dos exministros del gobierno de Uribe, los condenaron por haber entregado puestos en la administración, supuestamente para que votaran favorablemente la reforma constitucional que permitía la según reelección del presidente Uribe. Pero la semana anterior el país entero se percató por todos los medios de comunicación, que el señor presidente Santos, conjuntamente con el señor Ministro del Interior, reunieron a los Representantes de las Comisiones Primeras de Senado y Cámara y los presionaron para que votaran favorablemente el proyecto de la JEP, bajo la amenaza de que el partido que no lo hiciera, debería salir del gobierno, sin que hasta el momento ninguna autoridad se haya pronunciado al respecto, ni nadie ha considerado que se cometió un delito consumado con el retiro de los ministros de Cambio Radical, por no acompañar al gobierno en su afán de aprobación de la JEP.

Dos situaciones parecidas, pero medidas un con rasero diferente, de acuerdo a las circunstancias y al interés de las autoridades que deben velar por el estricto cumplimiento de la ley y su aplicación imparcial y objetiva.

Es histórico, permanente y repetitivo que el Ejecutivo maneja  Congreso con puestos y con la asignación de dineros a los parlamentarios, con la vana argumentación que se trata de partidas para a las regiones.

En algunas oportunidades, se llamarón auxilio parlamentarios, después se les denominó eufemísticamente Cupos Indicativos, hoy se conocen vulgarmente como la mermelada que riega el gobierno en el Congreso, para que una mayoría endulzada y aceitada le aprueben todos los  proyectos que presente.

No quiero referirme a la JEP, que como instrumento para la paz, será el camino a la impunidad, cuyo creador, gestor y planificador pretendía ser el abogado de los miembros de la FARC ante el mismo organismo que él se ideó, pero pagado con los dineros que pagamos los colombianos. ¿Será esto honesto?

Lo grave para la democracia, es que siga el Congreso dando muestra de estar arrodillado ante el gobierno Santos, que lo maneja a su antojo, unas veces con dádivas (entiéndase mermelada) y otras con amenazas con dejarlos sin burocracia, que es la que alimenta sus huestes políticas y les da el manejo del presupuesto de las entidades que les han entregado.

La separación de poderes en Colombia se está convirtiendo en una quimera, la dignidad del Congreso, con las excepciones ya conocidas, no existe, solo les importa mantener una representación para manipularla en su propio beneficio. Por ese camino, pronto nuestra democracia y nuestro futuro, se encontrará en manos de una izquierda tipo Venezuela por culpa de los dirigentes políticos de hoy.

¿Sabes qué? La paz no es mala. Lo malo son los privilegios concedidos a las Farc para lograr que firmara el acuerdo, por eso el gestor de esto, no puede ser el próximo presidente de Colombia.

*Catedrático universitario

 

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