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Perpetuarse en el poder

Que un presidente se perpetúe en el poder nunca será bueno, pero eso ocurrirá seguramente en Bolivia luego de que el Tribunal Constitucional de ese país avaló que el actual mandatario, Evo Morales, pueda presentarse a elecciones de nuevo en el 2019, y buscar quedarse en el poder hasta el 2025. El partido oficialista Movimiento al Socialismo (MAS) había elevado esa consulta al mencionado cuerpo judicial, con la gran fortuna de que obtuvo una respuesta positiva que será muy buena para Morales y sus simpatizantes, pero bastante mala para los bolivianos, en general. El hecho de escudarse en tratados internacionales, como el llamado Pacto de San José, no es suficiente para explicar lo decidido.

Paradójicamente, según el actual mandatario, el fallo del Tribunal Constitucional lo que hace es dar continuidad democrática a su país, lo que constituye una verdadera falacia. Lo que hace ese fallo, en realidad, es darle carta abierta para que pueda reelegirse de manera indefinida, porque al anular lo afirmado en la Constitución en el sentido de prohibir dos reelecciones consecutivas, se abre un boquete para que haya un gobierno indefinido, lo cual es absolutamente contrario a cualquier espíritu democrático. Lo peor es que los partidarios del MAS celebran el dictamen con el argumento de que “es el mandato del pueblo boliviano”.

Eso de dar prelación a supuestos derechos políticos del presidente y ponerlos por encima de las restricciones constitucionales solo tiene como explicación que el tribunal mencionado está a las órdenes del Ejecutivo. Parece una situación calcada de lo que pasa hoy en Venezuela con el presidente Nicolás Maduro, quien también le está apostando a eternizarse en el poder. Así mismo, este caso guarda similitudes con el de Daniel Ortega, en Nicaragua, quien con toda clase de peripecias jurídicas y políticas está garantizando el monopolio del poder en esa nación centroamericana.

Razón tienen los juristas que se atrevieron a objetar la decisión, y quienes consideran que esta “aberración jurídica” rompe el orden constitucional. Es grave que se mantenga esta determinación y que Morales vuelva a obtener el triunfo, ya que completaría cuatro gobiernos consecutivos, una verdadera dictadura constitucional. Lo más grave es que en febrero del año pasado ya había perdido un referendo por el que pretendió habilitarse para aspirar de nuevo, y que pese a ese resultado, ahora se le da carta blanca a sus pretensiones. Eso de que “será el pueblo el que decida” no es más que un engaño cínico, porque el presidente volverá a tener enormes ventajas frente a cualquier contrincante que aparezca.

El caso boliviano también fija un peligroso precedente, porque habrá gobernantes de otros países que seguramente buscarán usar herramientas parecidas para atornillarse en los cargos de poder. Es un verdadero adefesio jurídico que se les haya dado razón a quienes alegaban que no se les podía limitar los derechos políticos a las personas al poner un límite en la cantidad de veces que alguien pueda aspirar a un cargo público. Con esto, no solo se echó por la borda un principio constitucional claramente expresado en la Carta Magna que el mismo Morales había hecho aprobar en el 2009, sino que se da un paso hacia una anarquía general que no sabemos dónde va a parar. ¿Cómo puede avalarse el derecho a perpetuarse en el poder? Por donde se le mire, en Bolivia se ha cometido una grave equivocación.

Internacionalista.

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