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El Acuerdo y el mundo

La inexistencia del consenso con respecto al Acuerdo de Finalización del Conflicto Armado hace muy difícil su implementación. La elección presidencial de 2014 ya puso en evidencia la división de la opinión pública.

El plebiscito del 2 de octubre de 2016 reafirmó esa ruptura y además reveló una indiferencia del 64% del potencial electoral. Y la consulta liberal del 19 de noviembre/2017, arrojó un dato mucho más preocupante. Algo menos del 2% del potencial electoral se manifestó interesado en dos candidaturas que proclamaban sus ejecutorias en favor de la paz, como su máxima credencial para recibir una expresión de apoyo a sus legítimas ambiciones presidenciales.

Que 98% se hubieran mostrado indiferentes, es dato alarmante. Algo parecido se podría decir con respecto al número de votos que han recibido los diferentes proyectos sometidos a consideración del Congreso, que apenas sí logran los mínimos para ser aprobados. La inexistencia del consenso se registra una y otra vez.

Veremos qué ocurre en la elección de Congreso el 11 de Marzo. Es bien probable que se reafirme en la construcción de coaliciones para la Segunda Vuelta. Si se reproduce el esquema del Sí y del No, de octubre de 2016, tendremos la reafirmación de un desacuerdo fundamental que no va a facilitar la gobernabilidad, ni va a contribuir, como sería deseable, a la consolidación del Proceso de Paz.

Estas reflexiones son convenientes, ante la Comunidad Internacional. Es que la implementación quedó globalizada. El Consejo de Seguridad de la ONU tiene la principal parte. Y varios países comparten la tarea de vigilar, de hacer seguimiento al cumplimiento de los elementos del Acuerdo. También hay Ongs y hasta Universidades.

En este primer año ya hemos visto reacciones positivas y algunas perplejidades y comentarios negativos. Los representantes de la ONU han dicho cosas que han molestado al Alto Comisionado para la Paz y a algunos ministros. La Ministra de Relaciones Exteriores de Noruega envió sendas cartas a los presidentes de las Cámaras, para expresar su preocupación con lo que ocurría y el Embajador hizo eco a las mismas, en declaraciones radiodifundidas.

ONG como la que dirige José Manuel Vivanco, o Amnistía Internacional, también, han expresado críticas. El Presidente de los Estados Unidos ha enviado varias cartas que incluyen la advertencia contundente de una eventual descertificación, en este caso no tanto por problemas de incumplimiento en el Acuerdo sino, lo contrario, de un cumplimiento que ha puesto en peligro las óptimas relaciones con los Estados Unidos.

La Fiscal de la Corte Penal Internacional ha planteado dudas e interrogantes. El Instituto Kroc, que maneja la matriz comparativa sobre el tema, habla de lo bueno, lo regular y lo malo en este proceso. Y claro, el partido Farc, aprovecha al máximo esta situación para afirmar que ellos cumplen mientras el Gobierno no cumple. Así seguiremos.

Hay mucho que aprender de esta primera experiencia. Quizás lo mejor sería que el Gobierno tuviera solamente un vocero para responder a la Comunidad Internacional. Y así evita un riesgo de cacofonía en materia tan delicada.

A la Comunidad Internacional le debe quedar bien claro que Colombia es una democracia donde hay separación de poderes y un proceso democrático con vicios y virtudes. Que la buena fe está presente. Que nadie está interesado en burlar el Acuerdo.

ExMinistro de Estado

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