Columnistas

Un Estado que se marchita

Por naturaleza soy una persona optimista y positiva, pero como observador diario de lo que ocurre en Colombia, a veces me vuelvo pesimista con el futuro de nuestro país y sobretodo con la subsistencia de las instituciones que sostienen el esqueleto de nuestro Estado.

Estos nacieron para lograr que las sociedades funciones y que la convivencia pacífica se conserve por encima de los egos y el egoísmo que nos caracteriza a los seres humanos, bajo el imperio de una Constitución y unas leyes.

La Constitución es la norma de normas y regula todas las actividades que se realizan dentro de la sociedad, y son la autoridades las encargadas de velar por el cumplimiento de las leyes, que desarrollan las disposiciones constitucionales, conjuntamente con lo dispuesto por estas en el orden político, económico, social, judicial, administrativo, legislativo y territorial.

Pero en los últimos años hemos visto un desprecio por todo nuestro ordenamiento constitucional y legal, encabezado por el gobierno con su jefe a la cabeza, el señor Presidente, que con el San Benito de la paz y la complicidad de las mayorías del Congreso, ha venido violando la Constitución de distintas maneras. Se inventaron el fast track o vía rápida para tramitar sin deliberación, el desarrollo de lo acordado en la Habana. Afortunadamente en un arranque de sindéresis jurídica, la Corte Constitucional restituyó el derecho inalienable de una democracia que es la deliberación en el trámite legislativo.

Alegando la jefatura del Estado en cabeza del presidente, han querido imponerle a los colombianos un acuerdo que fue rechazado por el pueblo en un plebiscito, cuando la soberanía nacional recae sobre el pueblo y no sobre sus mandatarios. Igualmente han pasado por encima de lo determinado por la Constitución en materia de inhabilidades políticas para los que hayan participado en grupos armados al margen de la ley. Concediéndole a los guerrilleros de las Farc, culpables de delitos atroces, la capacidad de participar en política sin ser juzgados.

Ahora, con el mismo fin, quieren modificar lo dispuesto por la Constitución en materia de número de votos para la aprobación de reformas constitucionales, alegando que la silla vacía disminuye el número de congresistas, cuando ello no es así, esta lo que hace es castigar al partido al cual pertenecen los congresistas sancionados, más no al Congreso, por lo que la mayoría permanece igual para la aprobación de las leyes y Actos legislativos.

La constante violación de la Constitución y las leyes de parte de quienes tiene la obligación de imponerla y defenderla, nos está llevando a lo denominó hace algún tiempo un guerrillero, que Colombia es un Estado fallido, o sea las Farc, con un acuerdo, están logrando lo que no pudieron con las armas.

Por todo esto, el futuro de nuestra organización como Estado, corre peligro y si a ello le aunamos, la corrupción que corroe todos los estamentos de las tres Ramas del Poder Público e incluso a los Órganos de Control, nuestro futuro no es nada halagüeño.

El próximo año hay elecciones de Congreso y Presidente y los colombianos tenemos la oportunidad de corregir el rumbo, si votamos por los mismos que han entregado el país a un grupo guerrillero o tratamos de enrumbar nuestro destino por un orden constitucional y legal, donde impero la legalidad y la obediencia a las buenas costumbres.

Catedrático universitario

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