Columnistas

Otro grito de independencia

El pasado 20 de Julio por poco y tenemos otro grito de independencia por culpa de un tipo que estaba pidiendo, no un florero sino otra cosa.

Si hacemos historia, el 20 de julio de 1810, existía una atmósfera de inconformismo entre los criollos de entonces contra el yugo español y para darle calor al ambiente gris de Santa Fé de Bogotá y decorar la mesa que le habían preparado a Villavicencio, un criollo destacado, enviaron a un señor de apellido Morales, pero no el cantante vallenato de la telenovela, sino otro, para que fuera a la tienda de José Gonzales Llorente para que les prestara un florero. El susodicho, dijo que no podía, que el adorno estaba muy maltratado porque todos querían tenerlo en las reuniones especiales y estaba perdiendo valor. Lo que no sabía era que todo estaba preparado para que cuando el man se negara le encaminaran para romper el florero, formaran su pelotera y  le dieran su muenda  con Raimundo y todo el mundo, formado por indígenas más que todo y algunos que otros “guaraperos” , que tampoco faltaban en la época y dieran el grito de independencia.

Y gracias a este parapeto, porque andaban cabreros los colombianos de entonces, firmaron un Acta de la Revolución en 1810, para que los españoles dejaran de mandar y se quedaran explotando los servicios públicos hasta la presente. Nunca han dado puntada sin dedal.

Sin embargo 207 años después, un magistrado electoral, se puso como un titi  cuando vio que frente al edificio de apartamentos en donde vive habían instalado un puesto de ventas de aguacates y como el tipo tiene la ponencia sobre la revocatoria a Peñalosa el alcalde de Bogotá, empezó a delirar que el “aguacatero”, estaba ahí pagado por Petro para que fiscalizara que barones podían visitarlo y así  armar un tierrero o mejor, su propio “florero” y no fueran a salir con otro chanchullo. Claro, llamó a las autoridades y estas corretearon por varias cuadras al carretillero. Si algunos compatriotas hubieran defendido al vendedor, seguro se daba otro grito de independencia.

Como todo se convierte en moda, lo más seguro será que en las próximas elecciones van a pagar justos por vendedores quienes se atrevan a ofrecer frutas a la entrada de la Registraduría porque de una los tildarán de espías. En un país donde la Farc y exparas hablaron de paz y reconciliación recientemente tomando jugos y comiendo aguacates, la gente piensa que la era del rebusque va a camino a convertirse en un “chicharrón”.

Cuentan quienes observaron el desalojo del vendedor de aguacate de su sitio de rebusque, que las frutas ese día perdieron su color normal quedando blancas por dentro, debido al susto que se llevaron.

Por.
FRANCISCO
RIASCOS  JIMÉNEZ
Arquitecto

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