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A Maduro hay que tumbarlo

La semana estuvo llena de sucesos en Venezuela. El plebiscito de la oposición alcanzó siete millones y medio de votos; el simulacro paralelo de la constituyente al que asistieron cuatro gatos; el paro general de un día en el que hasta el metro circuló vacío; la creación por el parlamento de un Tribunal Supremo independiente que puede ser el inicio de un gobierno paralelo; la presión internacional de Estados Unidos y la UE; la visita de Santos a Castro para pedirle que le diga a Maduro que no siga con la constituyente (aunque la ministra lo negó); y el aumento del número de muertos por la fuerza pública.

A todo esto, vemos a Maduro y a sus esbirros envalentonados: el jefe de la Guardia Nacional Bolivariana dijo:” Lo que nos queda es afinar la puntería y dar un golpe duro a esas ratas escuálidas. Como su comandante, yo confío en que haremos el mandato sin novedad.”

La razón es simple: para que surta efecto un paro general debe ser prolongado y la oposición es el eslabón más débil. El ochenta por ciento de la población, que es la que se opone al régimen, está muriéndose de hambre y sin hospitales ni medicamentos. Un paro general agrava su situación. En cambio los usufructuarios del régimen y las fuerzas armadas, con el cartel de los soles a la cabeza, tienen comida y medicamentos y se enriquecen con los dólares del petróleo y del narcotráfico. Tienen demasiado que perder y van a hacer hasta lo imposible para no caerse. Los espera la cárcel.

El único punto débil del régimen son las divisas derivadas del petróleo. Aunque exportan a China reciben muy poco porque tienen que amortizar los créditos de compra de armamento. Estados Unidos y Europa siguen comprando y pagando los combustibles y, aunque los gringos pueden cortar el chorro, no sucede lo mismo con Europa que siempre está sugiriendo soluciones blandas.  Sin embargo, Moisés Naím no cree que tal tipo de “bloqueo” surtiría efectos.

¿Cómo, entonces, detener ese flujo de divisas? Con un paro que impida el cargue de los tanqueros. Esto afectaría directamente al régimen y no agrava la situación de la población.  Posiblemente Maduro acudiría a que los soldados hagan el trabajo de los obreros. Pero no se trata solamente de una cuestión mecánica sino que incluye servicios como la energía y el transporte. Para pensarlo, digo yo.

Maduro no se cae, hay que tumbarlo.

Por:
RAFAEL
NIETO NAVIA
Abogado

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