Economía

“Hoy los precios del café son una vergüenza”

Colombia logró en los últimos años recuperar su producción cafetera hacia los 14 millones de sacos, pero los bajos precios internacionales y la especulación tienen otra vez en jaque a los productores.

 

Por eso, el panorama no es fácil para las 500.000 familias que viven del grano, y menos con una tasa de cambio (dólar) que ahora está por debajo de los $2800.

De esta manera, Roberto Vélez Vallejo, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, visualiza que los meses venideros serán complicados, pues en su opinión las cotizaciones externas del café continúan siendo “algo vergonzoso”, pues no compensan los costos de producción.

 

De allí, admite, que algunos cultivadores tradicionales (del Eje Cafetero) hayan migrado a la siembra de productos como el aguacate Hass y hacia otras actividades comerciales en los últimos años.

La caficultura colombiana ha venido en recuperación, aunque paradójicamente los precios internacionales no han sido los mejores. ¿Es factible una sostenibilidad del sector con una cotización hoy de US$1,18 por libra?

 

El precio de US$1,18 lo califiqué durante la reunión anual de la industria tostadora americana como vergonzoso. Es un precio que pone a la caficultura mundial de rodillas, y no es Colombia, ni Brasil ni Centroamérica, sino las 25 millones de familias que vivimos de la caficultura. Nos pone a pasar trabajos a todos. Si uno tomara esos precios y los pusiera en la época del Acuerdo Internacional del Café a finales de los años 80, eso significaría algo así como US$0,30 por libra.

Es un precio que no tiene ninguna razón de ser y que junto a una tasa de cambio, que también se ha venido revaluando, no nos sirve para nada.

 

Entonces, el panorama es difícil, y más ahora con un dólar a menos de $2800…

Una tasa de cambio de $3100 sería de equilibrio para el sector. Ahora con un precio de US$1,18 por libra y un dólar de menos de $2800, la situación es complicada ya que los costos de producción están muy por encima de esos niveles.

 

Pero, ¿cuál es la realidad: mucha sobreoferta o especulación en el mercado internacional del grano?

 

Hay varias cosas. En primer lugar existe una buena cantidad de café en el mercado, además se espera una cosecha de Brasil cercana a los 60 millones de sacos.

En segundo lugar, los inversionistas han venido involucrándose mucho en el negocio de los ‘comodities’ o productos básicos (entre ellos el café) y hoy tienen una posición de venta a futuros, quizás la más grande de la historia. Eso presiona los precios externos los cuales están hoy postrados hacia la baja.

Eso significa que la especulación en las bolsas es la mayor responsable de este fenómeno crítico de los precios del café…

 

En parte sí. Eso tiene que ver con la especulación de los fondos, pero también obedece a los fundamentales del mercado.

La especulación de los fondos no es solamente con el café, sino también con productos básicos como el azúcar que está a 12 centavos de dólar por libra. Igual están el cacao, el maíz y el algodón, excepto el petróleo que ha venido recuperándose alrededor de los US$60 por barril. Pero el resto de los ‘comodities’ han venido sufriendo una caída por cuenta de una ola especulativa, porque esos inversionistas quieren diversificar ahora sus riesgos.

 

Un ejemplo clásico es el de un fondo de pensiones de Canadá, en Estados Unidos o de Europa el cual ve que el índice de la Bolsa de Nueva York (Dow Jones) estaba en niveles de 25.000 puntos, le apuesta a la probabilidad de que baje.

Eso lleva a que el inversionista se resguarde y busque en qué invertir algunos excedentes de capital. Esas inversiones se han destinado a productos básicos con un elemento especulativo.

 

¿A nivel local, es igualmente crítica la situación de los precios?

 

Los precios se han mantenido, a pesar de una bolsa en baja y una tasa de cambio revaluada. Se pagan hoy entre $700.000 y $750.000 por carga. Y también a nivel doméstico la materia prima se ha venido cotizando para la industria nacional con precios entre $5200 y $5500 por kilogramo de café pasilla.

 

Con base en esa compleja realidad del mercado, ¿cuáles son los últimos estimativos de producción cafetera nacional para el 2018?

Hicimos un primer estimativo para los próximos seis meses. Eso se adelantó con base en el conteo de los granos en las ramas, que es un esquema distinto al que hace mucha gente al observar solo las floraciones.

 

De acuerdo con nuestros cálculos, en el primer semestre habrá una producción menor en 3% con relación a igual periodo del año pasado, cuando tuvimos 6,5 millones de sacos.

Para la segunda cosecha, yo estaba un poco pesimista, pero han ido mejorando las perspectivas frente al fenómeno de La Niña y todo indica que no ‘cuajó’. Y más bien, hemos visto que efectivamente en enero y febrero hubo muchas lluvias, pero ahora estamos viendo floraciones en la zona cafetera, lo mismo que en el sur del país. Eso nos hace pensar en una segunda cosecha normal que irá de 13,5 millones a 14 millones de sacos.

 

¿Pero cómo sostener en el negocio a los caficultores tradicionales para que no migren hacia otros cultivos o actividades más rentables?

 

Este es un tema central, es decir, que el cafetero no se desanime por los bajos precios.

Quedé sorprendido, por ejemplo, en Riosucio (Caldas), por la cantidad de siembras de aguacate Hass en una zona que era tradicionalmente caficultora. Es algo muy complejo porque se trata de una situación que no se corregirá mañana ni dentro de los próximos seis meses.

Sin embargo, en la Federación no podemos desviarnos de la meta de buscar la rentabilidad para los productores del grano a menores costos.

En abril, por ejemplo, vamos a ensayar una moderna máquina para acompañar la recolección de café. Yo confiaría en que durante el último trimestre del año estemos vendiendo ese equipo en Colombia para ayudar a reducir los costos de recolección que son los más altos.

Y aspiro que durante la reunión de la Organización Internacional del Café (OIC), en este mes de abril con los mismos productores que participaron en el foro de Medellín, estudiemos las acciones a emprender.

 

¿Cómo enfrentar el poder de los grandes tostadores que no dejan subir los precios?

 

Honestamente durante la semana pasada que estuve en Nueva Orleans, en el encuentro de la industria americana, no vi a ninguno de los tostadores que se condoliera con nosotros frente al actual nivel de precios.

A ellos les pareció muy normal, aunque yo insisto en que eso es vergonzoso. Les dije que no deberíamos estar reunidos cuando hay 25 millones de familias cafeteras atravesando dificultades.

 

Pero la otra amenaza es Brasil…

 

Nosotros somos el tercer productor mundial de café. Brasil es muy grande y tiene una producción que la denominamos bienal, que es un año de cosecha grande y otro de cosecha baja. Y el 2018 será el de la cosecha grande porque estará alrededor de los 60 millones de sacos. Esperamos que el 2019 sea distinto, pues oscilará entre 45 millones y 50 millones de sacos, o un poco menos.

Por su parte, Vietnam (el segundo productor mundial) tuvo una recuperación en los años anteriores. Y este año su producción estará entre 27 millones y 29 millones de sacos. Y luego sigue Colombia con sus 14 millones de sacos.

 

¿Hay o no una estrategia para el posconflicto que involucre al sector cafetero, pues realmente se habla muy poco de eso?

En este momento no contamos con una estrategia que tenga como foco el posconflicto. Hemos venido acompañando al Gobierno que tiene muchos planes e ideas, pero no hay unos flujos internacionales para hacer programas grandes encaminados a la siembra de café. Hay esfuerzos y se están haciendo cosas de parte de la Consejería Presidencial, pero no existe nada en esta materia.

 

El café tendrá un desarrollo normal en las regiones donde tradicionalmente se ha sembrado con algún estancamiento o simplemente abandonaron la actividad. Pero no hay una estrategia posconflicto y café.

 

A pesar de ello, ¿cuánto ha cambiado el mapa cafetero, pues hoy el líder en producción es Huila?

 

El mapa cafetero ha seguido cambiando y lo seguirá haciendo por muchos factores y razones.

Entre otras cosas, porque la zona cafetera central tiene muchas ventajas y el hecho de que tenga vías y una infraestructura para mover productos, hace más factible que se siembren otros cultivos.

 

Por el contrario, en el sur del país, con una economía mucho más campesina y de minifundios, la caficultura se ha venido expandiendo en Huila y Cauca.

Contrariamente, uno observa casos como el del Quindío que perdió el año pasado 3000 hectáreas de las 50.000 que tuvo. Hoy, son apenas 22.000. Son cifras que empiezan a preocupar, ya que igual sucedió en Caldas y Risaralda, y seguramente saldrán más tierras de la industria porque los dueños de fincas encuentran otras vocaciones como la hotelería y el turismo. No es de extrañar que esos cambios continúen.

 

¿Qué hacer frente a esta situación que enfrenta la caficultura?

 

En el ramo de los cafés especiales he visto un especial movimiento y es lo que debemos seguir incentivando para que el producto colombiano vaya a los nichos de mayor valor en el mercado donde se paguen US$5 o US$10 por libra.

 

La única manera de escapar de la trampa de los US$1,18 por libra es conseguir un estatus mayor al café y obtener así una cifra más remunerativa para mantener el negocio a largo plazo. Es decir, un producto con mayor valor agregado, el cual precisamente arranca desde los cafés especiales. Cali el país.