Editorial

Vuelve y juega la ´piñata´ de la pensiones

 

Ese ha convertido en una obsesión para el sistema financiero del país hacerse al negocio de las pensiones combinando ´toda formas de lucha´, que van desde la realidad fiscal del Estado, pasando por las obvias razones de la necesidad de una reforma que permita la autosostenibilidad del sistema, pero sobre todo, que se tenga un alcance de justicia social para que quienes tengan derecho a una pensión no sufran como hoy en lograrla.

Pero el zorro con piel de oveja nunca ha visto con buenos ojos continuar compartiendo el billonario negocio con un Estado derrochón, irresponsable y negligente que de negocios financieros no sabe nada. Está ocurriendo lo mismo que aconteció cuando se estrenó la reforma a la Seguridad Social y afloró como negocio la salud. El sistema financiero se enganchó en él y ya vemos lo que ha ocurrido.

En el reciente Congreso de Asofondos se puso de nuevo en el centro del debate público el tema pensional. Volvieron a presentarse argumentos y cifras que mostraron la urgencia de enfrentar una problemática cada vez más compleja y con un impacto creciente sobre las finanzas públicas y el bolsillo de los colombianos.

Sobre el diagnóstico del problema existen muchas coincidencias. Si se examinan los principios que constituyen la base del sistema pensional colombiano, se encuentra que todos estos, sin excepción, están funcionando inadecuadamente. El sistema tiene bajos niveles de cobertura de cotizantes (35% de la población activa) y son pocos los adultos mayores que reciben una pensión (25% del total en edad de pensión). Una situación que se explica por la alta informalidad en el mercado laboral colombiano.

También se trata de un sistema inequitativo y que genera un impacto regresivo: los cotizantes que obtienen pensión en el sistema contributivo se encuentran en los más alto niveles de ingreso, donde hay un mayor empleo formal. De otro lado, la existencia de dos esquemas diferenciados que compiten entre sí, aunque tengan parámetros diferentes, lleva a que el subsidio del Régimen de Prima Media lo está recibiendo la franja de pensiones más altas. Subsidio que, por cierto, lo financian en parte las personas más vulnerables que no alcanzan a completar los requisitos para pensionarse.

El principio de solidaridad está desvirtuado. Los mecanismos de solidaridad, por la forma como fueron diseñados, desincentivan el ahorro pensional (Fondo de Solidaridad Pensional) o se tornan en regresivos en los casos de personas que cotizan en el Régimen de Ahorro Individual, pero no alcanzan a cumplir los requisitos para obtener una pensión mínima ( Fondo de Garantía de Pensión Mínima). Por último, el sistema pensional no es sostenible. Se acepta que las pensiones otorgadas por el Régimen de Prima Media (más los regímenes especiales) están desfinanciadas parcialmente y no alcanzan a cubrirse con los aportes de los cotizantes. En el Presupuesto de la Nación debe destinarse cerca del 4% del PIB para cubrir ese faltante.

Debe reiterarse, por último, el llamado a que el tema pensional ocupe un lugar privilegiado en la agenda del próximo gobierno y de ahí la necesidad de poder conocer todas las propuestas al respecto. Se trata de una reforma urgente que no da espera, sobre todo si se tiene en cuenta que el envejecimiento de los colombianos puede llevar a agravar aún más la situación.