Una apuesta por la paz que apenas comienza

El presidente Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño, alias ´Timochenko´ firmando el histórico acuerdo de paz

Faltando dos días para la finalización del mandato del presidente de la República, Juan Manuel Santos, por primera vez en la historia de Colombia el otro jefe máximo de la antigua guerrilla de las FARC, Rodrigo Londoño, conocido como ‘Timochencko’, entró a la Casa de Nariño.

 

Lo hizo porque ahora este grupo armado es un partido político con 10 curules en el Congreso y tiene los mismos derechos que los demás movimientos, entre estos reunirse con el jefe de Estado en el palacio presidencial.

Esta fue la justificación que dio el Gobierno de esta reunión que se realizó a puerta cerrada el pasado jueves y de la que se conocen pocos detalles. Sin embargo, se pudo establecer que en el encuentro hubo agradecimientos entre las partes y en especial al presidente Santos por el empeño que le puso al proceso de paz, pese a sus dificultades y a las grandes diferencias, sumadas a las manifestadas por la oposición en los distintos escenarios. 

Y es que para el país y para la comunidad internacional no es un secreto que la búsqueda y posterior firma de la paz con las FARC tuvo un costo político importante para el saliente presidente de Colombia, incluso, él mismo lo ha reiterado en sus últimos discursos. “Preferí hacer lo correcto, aunque fuera impopular”, es la frase con la que resume  Santos todo el revolcón político que se vino  en su contra como consecuencia de lo pactado en La Habana.

No obstante, fiel a esta bandera que decidió tener como batalla política, continuó intentando lograr un cese al fuego con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) pocos días antes de abandonar el cargo, pero esta decisión quedó en manos del presidente electo Iván Duque, porque pese a que Santos envió una comisión de facilitadores como refuerzo al proceso y al jefe de la Misión de Observación de la ONU en Colombia, Jean Arnault, no se logró llegar a un acuerdo bilateral de dejación de hostilidades.

Entre los errores que algunos sectores le reprocharon a Santos, el primer Premio Nobel de Paz de Colombia, está el haber convocado un plebiscito como forma de validar lo pactado entre el Gobierno y las Farc en La Habana. Dentro de los argumentos que se utilizan para hacerle este reproche, está que el presidente no necesita hacer este tipo de convocatorias para tomar decisiones sobre la garantía de la paz en el territorio; que fue un acto de arrogancia porque pensaba tener el respaldo de todo el país; que no cumplió con su promesa de respetar los resultados de dicha votación; y que originó una aguda polarización entorno a la paz, que hasta hoy abarca al país.

Mauricio Jaramillo, experto en política y profesor de la Universidad del Rosario, reconoce que el presidente se cuidó mucho de darle visibilidad al proceso, de rendir cuentas, de darle participación a la sociedad, pero cometió el error de confiar demasiado en el resultado del plebiscito, de haberle apostado como esquema de refrendación de los acuerdos para la sociedad. 

“Ahí se cometió un error muy grande porque se dijo que si ganaba el no, el país volvía a la guerra, se acababa el proceso de paz. Luego el acuerdo se corrigió pero quedó ese manto de dudas sobre qué significó el mandato de 3.000.0000 de colombianos que votaron por el no. Ahí me parece que hubo un error de cálculo político, pero en cuanto a los acuerdos, ningún acuerdo de paz en la historia de Colombia ha dejado a todo el mundo contento y tiene que enfrentar una fuerte disidencia, una vez concretado”, añade Jaramillo.

Patricia Muñoz, analista política y profesora de la Universidad Javeriana, sostiene que el acuerdo con las Farc fue un pacto con costos políticos originados desde el plebiscito, pero al que se le sumaron la división, la acentuación de la polarización derivada del mismo mecanismo y el haber utilizado la paz como bandera política en la campaña por la Presidencia de la República.

“Si hubo un logro del gobierno del presidente Juan Manuel Santos, es el tema de la paz. El hecho de que hoy tengamos un grupo armado con canales de participación política abiertos; con presencia de su partido político con curules en el Congreso de la República; el hecho de que se haya reducido casi al mínimo el número de víctimas del conflicto armado, el número de secuestros en el país, el número de víctimas de minas antipersonales y el hecho  de que tengamos hoy una reducción enorme en pérdidas de vidas humanas, no solo de fuerzas armadas sino de la sociedad civil que se encontraba en medio de este conflicto, es un gran triunfo”, señala la experta.

Carlos Andrés Arias, analista político y docente de la Universidad  Externado, añade que en el Gobierno de Juan Manuel Santos, el origen de su baja popularidad fue no haber comunicado efectivamente su gestión y  que se ocupó de temas que no eran tan neurálgicos para el colombiano de a pie. “Me refiero a que la paz era un tema importante, un tema fundamental, pero a la Colombia de a pie no le importa. A estos colombianos lo que les preocupa es que los  están robando en Transmilenio, que no tienen trabajo, y que cuando consigue trabajo, tiene que hacerlo por OPS. En estos temas, el  presidente delegó a otros funcionarios, que asumieron los resultados de la ejecución”.

De acuerdo con Arias, de ahí viene su baja aceptación, sumado al hecho de que cuando hacían grandes avances en los temas que le importaban a la sociedad, no sabían cómo comunicarlo o humanizarlo para llegarles a los ciudadanos. “Todos los empleos que se generaron en los contratos de infraestructura, por ejemplo, no se contaron. Se presentaron los avances medidos en kilómetros, no con las historias de vida  de las personas a las que de verdad les impactó su vida”.

Esta teoría es apoyada por Muñoz, quien sostiene que Santos comunicó mal sus iniciativas, sus políticas y sus decisiones, pero sobre todo comunicó mal la idea de una paz como idea colectiva, de nación, pese a que contrató diversos equipos para que se encargaran de este tema. “Muchas de sus iniciativas no llegaron a toda la población o llegaron de manera equivocada. Mi conclusión es que no se supo construir una idea de paz para la nación porque se leyó como un ideal de un grupo, como el ideal de unos sectores ideológicos, incluso, hoy algunos todavía dicen que la paz fue idea del presidente para hacerse a un Premio Nobel”.

Otra de las razones para que el presidente salga con baja aceptación, según Arias, es que por sacar adelante la paz, que fue su principal objetivo, entregó a los partidos políticos funciones importantes de la gestión de políticas públicas al darles la dirección de entidades como el FONADE y el DNP. “Aquí cometió un grave error porque en este tipo de entidades se debe poner a alguien técnico, que jalone los procesos. Esto, en todo el mundo, se llama mermelada”.

En este sentido, Jaramillo manifiesta que “hay varias coyunturas desfavorable para el Gobierno, que se basan, precisamente, en el tema de la corrupción, la mermelada, la participación de Cambio Radical en el Gobierno, el plebiscito por la paz y todo lo que  ha dicho la oposición. Pero creo que es normal que en Colombia los presidentes salgan, con excepción de Uribe, con índices de aprobación bastante bajos. El desgaste es grande. Lo que va a quedar de este Gobierno es que en materia de paz partió la historia en dos, pero se criticará siempre la mermelada”.

En relación al capital político que Juan Manuel Santos supuestamente perdió por la paz, Arias manifiesta que este no perdió lo que no tenía. “Su afabilidad en la opinión pública era por Álvaro Uribe Vélez, llegó de banda a la Presidencia de la República, porque Álvaro Uribe lo impulsó y lo llevó  hasta allá. En su segunda elección, llegó por la paz, pero él no tenía este capital político del que se habla”. 

Sin embargo, Patricia Muñoz dice que si bien el clima político de la actualidad no le brinda al presidente una imagen favorable en la población, puede que los próximo años las generaciones sean más benévolas con Santos, porque hoy su gestión está cubierta de un  escenario de polarización  y a la luz de la posesión de un presidente que ganó las elecciones con la bandera de hacer modificaciones a lo acordado con las Farc. 

No obstante, agrega Arias, este escenario solo es posible si la implementación de lo acordado no se rompe en este nuevo Gobierno, porque “hay cosas de la implementación que no están funcionando porque no se hicieron en consenso político. Si no se rompe la implementación, es posible que en 20 años Juan Manuel Santos sea recordado por ser el presidente que  logró iniciar un proceso de paz y digo iniciar, porque esto no termina porque se vaya de la Casa de Nariño”./Colprensa

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