Andrés Burgos y el arte de ver más allá de lo evidente

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“Contar el camino del héroe de la oficinista bogotana, con admiración y valor a su esfuerzo”, fue uno de los objetivos del escritor colombiano, Andrés Burgos, con su novela ‘Clases de baile para oficinistas’.

Es el libro que fue la base para la creación del guión de la película ‘Amalia, la secretaria’. Lo curioso, es que primero se estrenó la película, a inicios de este año, y sólo hasta hace algunas semanas se publicó la novela. Las dos, un homenaje a Bogotá, en especial a sus mujeres trabajadoras.

 

Andrés Burgos, desde hace dos años, trabaja en México en el difícil campo de la escritura para televisión, pero sin dejar su pasión y dedicación por la literatura y el cine, con un largo recorrido por el género del cuento, así como la novela ‘Sofía y el terco’, que también llevó al cine, siendo su primera película.

En ‘Clases de baile para oficinistas’, el autor muestra la calidez de una ciudad que muchos conocen como ‘La Nevera’, y como esas guerreras que salen a luchar en un lugar y transporte hostil, pueden encontrar dicha calidez como la recompensa a ese gran esfuerzo.

ENTRE PÁGINAS Y PANTALLAS

¿Difícil compaginar la escritura para televisión, libros y películas?
Llevo dos años trabajando en México, haciendo televisión para tener la oportunidad de hacer mis libros y mis películas, que las hago como quiero, sin pensar en el mercado, totalmente personales. Para ello, hay que tener un trabajo adulto y serio (risas) para hacerlo posible.

¿Ha cambiado mucho la forma de escribir para televisión teniendo en cuenta las nuevas plataformas?
Le pones mucho más cuidado a lo que escribes. Una cosa es escribir una temporada de ocho capítulos y otra escribir 60. Al mismo tiempo están las exigencias y las cosas de la industria de la televisión, lo cual puede llegar a ser frustrante. Pero creo que con las nuevas plataformas hay una reivindicación del escritor.

¿Qué tan difícil es entrar a México como escritor de televisión?
Es muy difícil, porque es verdad que existe una gran industria, pero también está lleno de gente, muy bien preparada, buscando una oportunidad en México, que es el centro de América Latina en cuanto a televisión. Son otras dimensiones.

Dice que su trabajo es escribir para televisión, ¿por qué hacer literatura y cine?
Siento que estamos en tiempos de demasiada exigencia en la productividad, la competencia y la excelencia que van a originar una gran cantidad de frustraciones. De ahí, que me diera cuenta del disfrute que siento por lo lúdico, de lo que simplemente da placer, que son cosas que no sirven para nada: cine y literatura. Mientras que el mundo está montado en un montón de cosas en búsqueda del ‘progreso’, pero el placer lo encuentro en estas cosas, en esta escritura, donde lo más seguro es la derrota, pero es lo que te llena, como la literatura.  

¿Procesos distintos?
Son procesos completamente diferentes. Uno en un libro siempre lo busca, lo mastica, lo mima, se da el lujo de bloquearse, alejarse, echarse para atrás, pero cuando tienes la escritura como profesión, tienes que escribir o escribir, tienes fechas de entrega, ahí no hay posibilidad de bloqueo.  

ENTRE CACHACOS

¿Cómo ha sido el trabajo con esta nueva novela?
Ha sido un largo tiempo de trabajar en esta historia, siendo el libro que sirvió de base para la película ‘Amalia la secretaria’, que estrenamos a principios de este año, todo por el calendario editorial colombiano.

Lo interesante es que al salir primero la película y luego el libro, he visto que la novela tiene vida propia, no tan ligada a la película, donde la gente se ha dado cuenta lo que puede aportar un libro que no te da una pantalla.

¿Cómo es esa relación entre su literatura y su cine?
Es la segunda vez que lo hago porque ya lo había hecho con ‘Sofía y el terco’. Todo empieza como un juego o una exploración a ver qué le puede aportar un lado al otro. Cómo la literatura le puede aportar profundidad y contexto, mientras vemos como el audiovisual le puede aportar dinámica a la literatura.

Bogotá, ¿gran protagonista de esta novela?
Este libro tiene mucho de homenaje a Bogotá y mi paso por esta ciudad. Con esta ciudad es muy fácil sacar conclusiones a priori, que es muy difícil, su tráfico, el frío, lo cual es demasiado fácil de quedarse en eso, pero es una ciudad tremendamente viva, palpitante. Es una ciudad con un voltaje tal, que te puede matar pero jamás aburrirte.

Siempre he sido un observador de transeúntes, que se dedica mirar a la gente en la calle, inventarme sus vidas e intentar entenderlas. Veía como a las cinco de la tarde un montón de mujeres de sastre y sosteniendo el bolso contra el pecho con miedo a que se lo arrebaten.

Por otro lado, estaba la vida en las oficinas con la figura de la secretaria del jefe que era como el poder detrás del poder, una mujer dura, a la cual se le llamaba por su nombre en diminutivo y toda la oficina se quedaba con esa visión de mujer brava, pero nadie de ponía a pensar en lo humano.

Además, estaba todo el rollo de la música. Quería resarcir, para mí mismo, un montón de músicas realmente importantes en mi vida que no les había dado su lugar por dármelas de sofisticado, como las baladas que me hacían saltar el corazón, así como la música de fiesta decembrina.

¿La película fiel a la novela?
El libro, aunque comparte personajes y recorridos argumentales con la película, la razón de ser del libro es que sea una excusa para poder hablar de la música que venía en los 14 Cañonazos Bailables, para hacer recorridos bogotanos, para tener ciertos delirios que mucha gente piensa que es burla a la ciudad pero en realidad es una declaración de amor con ironía, que es capaz de interpretar el bogotano, quien es uno de los personajes en Colombia, que tiene la mayor capacidad de reírse de sí mismo.

La fiesta buena es la que no se anda con exquisiteces, la que le abre la puerta a la variedad, al despelote y el libro quería que fuera algo así, como las buenas fiestas donde se toma y se busca nutrirla de todo para que sea buena.

¿Una cálida nevera?
El libro aborda un poco la invasión de lo tropical a Bogotá. Una ciudad lejos del mar, de gran altura, siempre con unas formas de vestir particulares y fría, a donde llegó esta música con trompetas y tambores, desfachatado y con ritmos pegajosos para tropicalizarnos a los andinos, aunque nuestro carácter no esté muy dado a lanzarnos a la pista de baile, pero lo hemos hecho.

¿El baile y el capitalino?
Hay un capítulo del libro que habla del tema de la obligación del colombiano de ser sabroso, en especial cuando sale del país y ahora todos esperan que nos movamos como Yerry Mina cuando celebra un gol, pero hay una parte de la población colombiana que no nació para moverse como Yerry Mina, porque nacimos para disfrutar de una fiesta sentados echando cháchara, aunque nos hemos lanzado a la pista dispuesto a disfrutar del ridículo que puede llegar a ser. Este libro es un llamado a la liberación.

También es un homenaje a la mujer bogotana, contando con una parte en la cual doy todas las instrucciones para conquistar una bogotana, con una gran cantidad de reglas de sutileza. Todo esto porque a Bogotá todo el mundo le cae encima sin tomarse el tiempo para tener una mirada mucho más tranquila y poder encontrar la calidez y la belleza que tiene.

Hablar de oficinistas puede sonar aburrido…
No veo nada de aburrido en las oficinas colombianas, donde siempre hay color, siempre hay tiempo para las bromas, con sus salidas a almorzar, con el coqueteo anticorporativo y más en esas empresas familiares, con cercanías pero a la vez.

BOGOTÁ (Colprensa).

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