Iván Duque, los Hobbies y gustos del presidente más allá de la política

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Iván Duque pretende continuar siendo “un ciudadano normal”, pese a que hoy se posesiona como el nuevo presidente de los colombianos. De hecho aspiraba a seguir viviendo en la casa donde ha vivido con su esposa y sus tres hijos, y no donde regularmente viven los mandatarios del país: la Casa de Nariño. “Soy terco”, reconoce.

También es un hombre de hobbies curiosos. Duque colecciona las caricaturas que le hace Matador y otros ilustradores, en las que aparece con el rostro de un cerdito tierno. Si algo sabe el Presidente es burlarse de sí mismo.

 

Para relajarse de los agites de la política tiene varias alternativas también curiosas. A veces le gusta embolar sus zapatos. Otras veces lo que hace es tender las camas de su casa. Se esmera para que queden bien templadas, “como las camas de un batallón”. En su juventud se encargaba de lavar la ropa de la familia.

Con respecto al amor, ha sido de pocas novias pero de relaciones largas. En una entrevista que dio en campaña explicó que tal vez eso se daba a que él es como los buenos equipos de sonido: “de alta fidelidad”.

Tiene fama de ser buen cocinero – le encantan la pasta y las ensaladas- y es buen conversador. Le gusta escuchar. “El arte de escuchar al otro es imprescindible en todo buen gobernante”, dice.

También tiene la reputación de ser un buen bailador de salsa. Además canta trova cubana, boleros, rock. Y es mago.

Aprendió de niño, en una academia de magia que quedaba cerca a su casa, por lo que desde entonces es el encargado del show de cartas en las fiestas familiares. Con el paso del tiempo ha perfeccionado sus trucos, al punto que dejan con la boca abierta tanto a niños como adultos. También sorprende su amor fidelísimo por el América.

Uno de los días más felices que tuvo Duque durante su campaña fue cuando, en este diario, Ricardo ‘el gato’ Pérez, presidente del equipo, le entregó la camiseta con su nombre. Enseguida el Presidente electo tomó un balón y lo sustuvo en su frente durante varios segundos. Duque sabe con la pelota.

En la cancha generalmente se ubica de 9, o de puntero derecho que busca el área. Su vida ha sido un poco así: siempre ha buscado el centro, hablando en términos políticos. Pero esta historia no es de política. A Duque le dicen ‘Ivo’ en su casa y le fascina el sonido del mar y el de las chimeneas.

En términos gastronómicos, come “lo que le pongan, donde se lo pongan”. Le gusta explorar, probar, las comidas típicas y no repara si está en un restaurante estrato 6 o en un puesto de comidas rápidas callejero. 
A sus colaboradores en campaña les sorprendió que, después de largas jornadas de trabajo, y ante los restaurantes cerrados, Duque proponía detenerse en alguna estación de gasolina para comerse un perro caliente.

Lo golpea, eso sí, ver los efectos de la pobreza en la gente, lo que le despierta la sensación de que tiene que hacer algo al respecto. Si algo sabe Duque es de economía. Ha escrito varios libros sobre el tema. Escribir – y leer- son otras de las aficiones.

Sus obras de cabecera son ‘El libro de la risa y el olvido’, de Milan Kundera, y ‘Siddhartha’ de Herman Hesse.

Duque será el segundo presidente más joven del país – 42 años – y por lo tanto le seducen las nuevas tecnologías, especialmente los videojuegos. En sus ratos libres acostumbra a jugar Fifa en el Xbox con sus hijos, así siempre pierda. Pese al poder que asume desde hoy él intenta seguir siendo un parroquiano “normal” que, por cierto, le da su número celular a todo el que se lo pregunta.

Mile es la mascota de Iván Duque, una perrita portuguese water, la misma raza de los perros de Obama. También tiene un gato llamado Fígaro.

CALI (El País).

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