Pensar y hacer ciudad

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Tenemos los samarios, derecho a una gran ciudad, máxime cuando nos encontramos ad portas de arribar al quinto centenario de su existencia, hecho que por sí mismo amerita una grandiosa acción pública respecto lo que debe ser una verdadera ciudad en el mundo de hoy, con líneas políticas más allá de lo estrictamente urbano o por sectores, toda vez que impera entenderla desde lo humano, lo político y no sólo desde su estructura, forma y funciones, sino desde lo que en ella debe ser. Potenciarse, con el propósito de sumar a los muchos y más desafíos existentes, que obligan la evolución e innovación de la acción pública para reivindicar la dimensión humana, la participación democrática activa y el hacer ciudadano y comunitario en su planificación, prospectiva y estrategia, debiéndonos reflexiones muchas a efecto de estudiar, analizar, organizar, trazar e impulsar políticas de ciudad, donde la participación juegue papel preponderante.

El desafío integral someramente esbozado, connota modificar la lógica desde la cual se procede, traspasar lo sectorial y lo territorial, a fin de comprender mejor la ciudad como desafío político y ciudadano, manera mejor de responder pública y privadamente a tal circunstancia, pues ciudad envuelve una lucha por el poder y en tanto las políticas que se apliquen deben facilitar el beneficio ciudadano; de allí que tales políticas, desde la formulación hasta la evaluación, deberán potenciar y robustecer a la ciudadana, al tiempo de permitir el ejercicio y la participación de prácticas democráticas y adecuadas, como propicias y directas.

Las políticas sobre ciudad tienen que ver con el poder e impacto de la acción pública y su referencia con asuntos, aspectos, realidades, necesidades, sectores y territorios, debiéndose responder con formas eficaces y eficientes de administración pública, gobierno, gestión, gerencia, participación y acción ciudadana y comunitaria, más cuando los crecimientos no planificados crean retos que no pueden ser resueltos tradicionalmente, a lo que se suma la limitación financiera, requiriéndose sistemas cada vez más eficientes para adelgazar el gasto público, más ingresos fiscales y pensar en consolidarnos como una ciudad con estudios en áreas de acción en seguridad ciudadana, movilidad, gestión de emergencias y desastres naturales, centros de control integral, gobierno digital y educación, entre otros, esto es una ciudad inteligente.

Las señala el BID como “aquella que coloca a las personas en el centro del desarrollo, incorpora Tecnologías de la Información y Comunicación en la gestión urbana y usa estos elementos como herramientas para estimular la formación de un gobierno eficiente que incluya procesos de planificación colaborativa y participación ciudadana. Al promover un desarrollo integrado y sostenible, las ciudades se tornan más innovadoras, competitivas, atractivas y resilientes.”, generando entre otras las siguientes demostradas ventajas: Facilitan la integración de procesos en la administración pública, generan procedimientos, optimizan la asignación de recursos, elevan el grado de satisfacción de las gentes, permiten una mayor participación de la sociedad civil y producen indicadores de desempeño, útiles e importantes para evaluar, comparar y mejorar las políticas públicas, que buena falta nos hace. [email protected]

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