HOY DIARIO DEL MAGDALENA
Periódico de Santa Marta

¿Petróleo o impuestos?

La narrativa del nuevo gobierno sobre lo que ha sucedido en materia fiscal durante los últimos años consiste en afirmar que ante la caída que hubo de los precios del petróleo se elevaron los impuestos inmoderadamente, y se afectó la capacidad fiscal contracíclica del Estado.

Esto es parcialmente cierto. Faltaría agregar además que se efectuaron también recortes violentos en el gasto público, que aún subsisten, y que comprometen gravemente la inversión pública, en especial aquella que debe hacerse dentro de un contexto de posconflicto.

El presidente Duque, por ejemplo, escribió lo siguiente: “Debemos aprender de los errores de los últimos años, cuando se elevaron los gastos permanentes del Estado, confiados en una transitoria bonanza petrolera, afectando nuestra capacidad fiscal contracíclica para después aterrizar de emergencia en la absurda decisión de sustituir petróleo por más impuestos, golpeando a consumidores y generadores de empleo”.

Aunque en un lenguaje mucho más elegante y menos ramplón que el del presidente del Senado el pasado 7 de agosto, no es menos cierto que estamos frente a un espejo retrovisor de dimensiones panorámicas. Se cuestiona la política económica y fiscal toda que siguió la administración Santos a través de sus tres desafortunadas reformas tributarias y cuyas consecuencias se suponen habrán de corregirse con la próxima Reforma Tributaria. Que va a enfrentar el difícil desafío de bajar los impuestos a las empresas y aumentar al mismo tiempo el ingreso disponible de los consumidores.

Pero esto es apenas una cara de la moneda. La otra cara es la despiadada reducción del gasto público que se hizo, que tendrá su punto culminante en el presupuesto del 2019. Y cuya desmesura resulta imperioso corregir por la vía de más gasto público en inversión. Pues, de lo contrario, ni los programas del gobierno entrante ni las responsabilidades que se asumieron en los acuerdos de paz de la Habana tienen la más mínima posibilidad de ser cumplidos.

En efecto, programas vitales para el posconflicto como son, por ejemplo, los del sector agropecuario exhiben recortes en sus rubros de inversión del año entrante cercanos al 60% frente a lo que fue el nivel de inversión de los años anteriores.

Cuando los ingresos contemplados en las tres Reformas Tributarias resultaron insuficientes para compensar la caída de los precios del petróleo se echó mano del hacha de los recortes, que cayó despiadadamente sobre los programas de inversión del 2019. Esto es sencillamente insostenible. Y el gobierno del Presidente Duque si quiere cumplir con sus propios programas y no dejar a medio camino los programas de inversión que requiere el posconflicto tendrá, indefectiblemente, que adicionar las partidas de inversión estratégica previstas en el anteproyecto de presupuesto para el 2019 que se empieza a discutir próximamente en el Congreso.

No es claro entonces donde está el margen fiscal para, de un lado, rebajar impuestos como se ha prometido y de otro lado adicionar la inversión que quedó en los huesos en el proyecto de presupuesto para el 2019 que está presentado.

Por esta razón no es sorprendente leer lo que el nuevo Ministro de Hacienda le dijo al periódico El Tiempo del 9 de agosto: “La verdad es que en el proyecto actual (se está refiriendo al proyecto de presupuesto para la vigencia del 2019) el flujo de inversión cae muy fuertemente, varios programas de inversión que están en curso van desfinanciados y no hay ni cinco centavos para los programas propuestos por el Presidente Duque”.

PD: Si el nuevo gobierno desea cumplir su loable promesa de no recurrir a la mermelada, hay una formula sencilla para hacerlo: que el Ministro de Hacienda cumpla la ley y no ofrezca a los parlamentarios “cupos indicativos”.

*ExMinistro de Estado

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