La bonanza ‘marimbera’, la historia de bala, plata y dolor para no olvidar

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La película, que es sin duda una de las grandes producciones de la historia del cine colombiano, se estrenó en salas comerciales y promete, según portales especializados, ser una de las protagonistas en festivales alrededor del mundo. 

 

Por 
YEFFERSON OSPINA

Una épica de la decadencia, de la destrucción de un clan que no obedece a las verdades sobre las cuales se ha fundado su historia, pero también un relato en el cual los directores han logrado dotar de un significado propio a cada imagen, a cada cuadro, un relato que rezuma poesía foto a foto, es ‘Pájaros de verano’, la nueva película de Cristina Gallego y Ciro Guerra, los creadores de ‘El abrazo de la serpiente’, única película colombiana nominada a un Óscar.

Una descripción general de la historia de este filme es ya bastante fascinante: dos familias indígenas wayúu se destruyen a sí mismas en medio de la llamada bonanza marimbera -la venta de marihuana hacia el exterior- durante la década de los 60 y 70 del siglo pasado.

Y la historia, ciertamente, está contada de un modo magnífico. Siguiendo un esquema clásico del ascenso al poder y la posterior caída en la tragedia, ‘Pájaros de verano’ es una narración minuciosa, elaborada con plena conciencia del valor dramático de cada uno de sus actos, que no apela a los homicidios o crímenes espectaculares – tentación tan común en este tipo de historias – y que, gracias a su dosis de lentitud, adquiere un ritmo como de fenómeno natural.

El espectador ve pacientemente cómo los personajes construyen su propia derrota y después, como en una tragedia griega, puede sentir que el desenlace es una especie de castigo que la tierra ejerce sobre esos hombres y mujeres.

La película es inclasificable: puede ser un western pero también un filme de gángsters, e incluso está dotada de una simbología que hace pensar en el surrealismo. Como en ‘El abrazo de la serpiente’, Cristina Gallego y Ciro Guerra se apoderan de la simbología que un clan indígena ha creado para hablar de algunos de temas humanamente universales: el sentimiento de culpa, la soledad familiar, la destrucción de cualquier vínculo por la avaricia.

El simbólico y rico universo wayúu, sus costumbres y los ritos sobre los que han construido sus sociedades, más allá de hacer la película una rareza antropológica, son usados magistralmente por ambos directores para construir la dimensión estética y dramática del filme.

La película, que es sin duda una de las grandes producciones de la historia del cine colombiano, se estrenó en salas comerciales y promete, según portales especializados, ser una de las protagonistas en festivales alrededor del mundo.  Cristina Gallego, quien escribió la historia y la codirigió junto a Ciro Guerra, cuenta cómo fue asumir este punto de vista sobre el narcotráfico, un tema que, en su opinión, aún no hemos podido contar plenamente.

¿Cómo encontraron la historia que cuentan en ‘Pájaros de verano’?

Hace diez años, en la investigación de ‘Los viajes del viento’ para una escena que sucedía en la bonanza marimbera, conocimos la historia. Estábamos buscando actores naturales y conocimos a muchos que nos contaron las historias de todo esto que había pasado, y de ahí empezamos a documentarnos. Fue una parte de la historia con la que nos conectamos allá y sobre todo, lo más sorprendente fue encontrar cómo todo el mundo estaba dispuesto a hablar del tema. A hablar de aquello como una época dorada. A pesar de que lo que vino después fue horrible, esta época genera recuerdos de cosas que todo el mundo quiso compartir porque fue realmente una entrada a todo este mundo de una manera muy inocente.

En la película se siente que no hay un personaje que se oponga del todo a la venta de marihuana. Parece que hubo una relación contradictoria de la comunidad con ese negocio. Se aceptaba y a la vez había una oposición, una conciencia de que algo malo se desencadenaría…

El tema es que esta es una zona que ha sido una zona de contrabando toda la vida. En esta zona siempre se vendió whisky, cigarrillo, ropa, y cuando llegó la marihuana fue un producto más. Estas son comunidades que son negociantes. Entonces no hubo una oposición porque, además, en el 68 la venta de marihuana no era ilegal. La ilegalidad viene cuando se le declara la guerra a las drogas en los 80. La ilegalidad vino después.

Úrsula es uno de los personajes más fuertes de la historia. Ella dice al principio que haría cualquier cosa por mantener a la familia. Sin embargo, no se nota que ella se oponga a la venta de marihuana a los ‘alijunas’, como llaman los wayúus a los que no son de su etnia…

El personaje de Úrsula es completamente ficticio, un personaje creado. Nosotros no basamos la película en un personaje específico, no es un referente histórico el personaje de Úrsula, pero tiene base en historias que escuchamos, y sobre todo en el deseo de expresar la idea de que estas matronas son muy fuertes en estas sociedades. A ella no se le puede tomar como un referente real, es un personaje creado a partir de la función que tienen estas mujeres dentro de las comunidades wayúu. Y claramente es un personaje que tiene todos esos niveles de los que estás hablando, lo cual es otro punto que nos interesaba mostrar. Nosotros no queríamos calificar de buenos y de malos, sino mostrar las zonas grises de los personajes.

¿Cómo fue el trabajo de investigación con la comunidad Wayúu? 

Hicimos un trabajo de investigación en el que no había un interés necesariamente antropológico, sino un interés en contar una historia. Y claro, para que estas historias puedan ser reales necesitan un piso. Nos documentamos mucho y los guiones fueron leídos y asesorados por un antropólogo especialista en el mundo wayúu. Y tuvimos muchas fuentes de consulta, de la simbología, de los eventos cruciales para la comunidad, los ritos importantes para ellos, como el baile de la Yonna, el primer entierro, las relaciones con los sueños, con las aves. Y uno de los referentes más fuertes que encontramos para la película fue la obra de García Márquez, que intentamos decodificar en clave wayúu, su relación con los sueños, con los muertos, con las mujeres fuertes. Llegamos a la cultura wayúu desde los lugares más conocidos por nosotros.

Ustedes se deciden por contar una historia de violencia y narcotráfico, desde un punto de vista completamente inédito. Sin embargo, ¿en algún momento se plantearon ese lugar común de algunos críticos de la necesidad de contar historias que no sean sobre esos temas?

Al escuchar a tantos periodistas, críticos y público diciendo “más películas de narcos”, uno se pregunta, ¿cuáles son las películas de narcos? Y cuando vas a nombrar las películas del tema, te das cuenta de que no te caben en los dedos de la mano. Es decir, lo que hay es un tabú, no es real que el cine colombiano sea sobre narcotráfico en su mayoría. Lo que hay es un tabú, no queremos mirarnos a nosotros mismos. Y claro, esa fue una pregunta que nos hicimos para hacer esta película: ¿Por qué no podemos hablar de estos temas, si somos nosotros los protagonistas? ¿Por qué estamos dejando que nuestra historia se cuente desde afuera? Desde Miami Vice están contando la historia del narcotráfico, pero los gringos, no nosotros mismos. Yo creo que hay que preguntarse por qué no hemos podido vernos al espejo, por qué este tema es un tabú, por qué no hemos construido nuestra mirada y no hemos reflexionado sobre lo que ha pasado.

Ustedes hicieron una proyección de la película para la comunidad wayúu. ¿Cómo fue la reacción que ellos tuvieron al verla?

Fue una reacción muy positiva. Estuvieron metidos en la película como cualquier espectador, hipnotizados por la historia. Algo muy lindo que sentimos en la proyección es que todas estas cosas que nosotros tenemos que decodificar para que cualquier público entienda el significado, ellos las entendían inmediatamente. Sabemos que hay mucha expectativa y por eso estamos armando una proyección especial para Riohacha. Hemos sentido una muy buena acogida por parte de ellos de la película. Una de las cosas en que se fijaron mucho fue en el lenguaje, pues en esta película aparecen actores interpretando el wayuunaiki, un tema que era muy importante para nosotros y para ellos. Ellos hicieron críticas sobre el lenguaje, aunque les pareció increíble la interpretación que hizo Natalia Reyes de su idioma.

En la película ya aparecen los signos de lo que uno puede llamar una “estética narco”. Una mansión en medio del desierto, un hombre que tiene una casa con piscina en plena Sierra en donde además una mujer wayúu toma el sol con bikini mientras mira una revista de moda… ¿Ya se había producido esta estética para la época?

Sí, mira que una de las historias que no alcanzamos a contar en la película fue que Rólex, la marca de relojes, vendió un lote gigante de sus productos durante la bonanza marimbera. Los chivos llegaron a usar Rólex, uno en cada pata… Toda esta cantidad de dinero, este despilfarro, llegó a un lugar en el que de todas formas nada de eso funcionaba, nada de esto tenía mucho sentido. Esas mansiones que construían eran con piso de tierra, sin agua potable, sin energía, como tampoco hay en la actualidad. 

¿Por parte de la comunidad no hubo una especie de reflexión en perspectiva de esa época, de lo que hicieron, de lo que fueron esos años de turbulencia?

Mira, lo que sucede es que este episodio de esa historia no se ha contado mucho, de hecho se ha contado muy poco. En literatura hay un par de historias de la bonanza marimbera, no más. Y en la medida en que no se cuente pues la reflexión también es poca. Y a nosotros lo que más nos interesa es la reflexión que la película genere y esa reflexión se dará a partir de que el público vea, que se apropie y sienta la película. Yo creo que ‘Pájaros’ debe salir y debe generar su propia reflexión sobre la historia y sobre el punto en el que estamos, todo lo que pasó y a dónde hemos llegado.

Una de las tantas virtudes de la película es la construcción de metáforas visuales muy fuertes. ¿Cómo es ese trabajo de concepción metafórica de la película?

Siempre hay que pensar que el cine es un trabajo de equipo y que podemos ser tan grandes y creativos como sean los equipos. En ‘El abrazo de la serpiente’ y en ‘Pájaros de verano’ contamos con David Gallego, haciendo la fotografía y con Angélica Perea, haciendo el diseño de producción y la escenografía. Y es en esa creación que ellos hacen del universo visual de la película, en la que salen todos estos símbolos y todas las metáforas y referentes. Obviamente la idea de la película es que tenga muchos niveles de lectura porque se tienen muchos niveles de deseo en la realización. Tiene muchas referencias del mundo wayúu y del mundo del psicoanálisis y del mundo de los sueños y de la obra de García Márquez, así como del cine de género, del gángster, del western, tiene una cantidad de cosas, y para nosotros cada miembro del equipo es un contador de historias, y las historias se cuentan desde la luz, desde las locaciones, y desde el arte y el vestuario. Entonces todo se debe a la fortuna de poder trabajar con un equipo que es tan creativo y con el que hemos trabajado muy bien a lo largo de los años. Siempre pensamos que las películas deben tener muchos niveles de lectura.

¿Cómo fue rodar en las condiciones desérticas de La Guajira?

Fue un rodaje muy complicado. Estuvimos nueve semanas, un equipo muy grande, un rodaje en el desierto con muchísimas dificultades. Ocurrieron muchas cosas, tormentas, inundaciones. La ranchería, por ejemplo, se inundó. Este no fue un rodaje de un presupuesto muy alto, en el que enfrentar las dificultades naturales de esta zona era muy complejo. Pero bueno, todo lo hicimos con oraciones y con actitud positiva. 

¿La nominación al Oscar de ‘El abrazo de la serpiente’ les generó algún tipo de presión para hacer ‘Pájaros de verano’?

No, para nada. ‘Pájaros de verano’ es una película que habíamos empezado a hacer antes que ‘El abrazo de la serpiente’, antes incluso de rodar ‘El abrazo..’. Lo que generó esta película fue una facilidad muy grande para poder cerrar el lanzamiento de ‘Pájaros de verano’. Pero en todo caso Ciro y yo tenemos una presión propia por hacer buenas películas.

¿Cuál es la opinión que tiene del cine colombiano en la actualidad?

Yo creo que estamos en un estado de búsqueda, como en una adolescencia, y lo que me parece más interesante es ver que después de estos años de que se aprobara la Ley de Cine, se han podido mejorar las condiciones, los estudios, e independizar los roles de quienes hacen cine, y eso ha permitido mejorar la calidad. Yo creo que hay una cosa muy linda y es que hay mucho entusiasmo, hay una cinematografía muy joven y con muchas cosas por contar, pero creo que a nuestro cine le falta acercarse un poco más a los públicos. Con eso no quiero decir acercarse al cine comercial, porque públicos hay muchos, hay muchos nichos y muchos tipos de público. Y estas cosas se dan en la medida en que la gente que hace cine pueda tener mayor acceso desde la distribución a otro tipo de cine. Y ese es un problema, porque en el país la distribución es súper limitada. Solo se ven las grandes películas en los festivales y allá se reúne todo el circuito del cine, pero las carteleras normalmente son muy primarias, muy básicas. Sin embargo, creo que el cine está creciendo y se está formando y se está descubriendo, y lo más valioso es que haya un apetito muy grande por conocer y por explorar./Colprensa

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