Malecón

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Poquísimas veces –tal vez ninguna antes– una elección de contralor movió a tres ex presidentes que, hasta no hace mucho tiempo, intercambiaron dentelladas como perros y gatos, aunque se cuidaron de aclarar que su prelación era entenderse para respaldar en el Congreso la agenda del nuevo gobierno. Tres patriotas que cubrieron con acuerdos programáticos una maromita administrativa del renovado parlamento nacional. Ni más faltaba. Cero clientelismo.

Tonificante que el presidente de la República hubiera advertido a las bancadas reunidas con él, que no quería ni un contralor de bolsillo ni un francotirador apuntándole. Se ahorró el guiño o un veto, las dos posibilidades previstas. Delicadeza personal que se ajustó a parte de sus anticipos de conducta y estilo en sus actuaciones. No es decente señalar con el dedo nominador a quien habrá de controlar, por disposición constitucional, el manejo de las finanzas públicas.

Sin pugnacidades, los partidos entendieron que se podía elegir con su apoyo pero sin concesiones al Centro Democrático, por simple aritmética, a pesar de que Gustavo Petro, en entrevista para Semana en vivo el jueves 16, aseguró que los diez elegibles eran todos, unos más que otros, uribistas, ocho de ellos no tan beligerantes como José Félix Lafaurie, el favorito del ex presidente Uribe y varios de sus corifeos.

 Hasta el momento de escribir esta columna, las probabilidades dan por triunfador a Carlos Felipe Córdoba, quien cuenta con los votos de los liberales, la U y Cambio Radical, y con condiciones técnicas y experiencia para desempeñarse con éxito, puesto que fue auditor general de la Nación (contralor del contralor) y el aspirante que expuso, con más claridad y soltura, el que sería su programa al frente de la entidad.

A Lafaurie lo averió el bachiller Macías con el cambio en las reglas de juego para borrarle dos inhabilidades. Creyendo favorecerlo le infirió daño, suficiente para que se pensara en una demanda de nulidad que correría igual suerte a la de Viviane Morales en la Fiscalía y Alejandro Ordóñez en la Procuraduría. Punto para los competidores y sus jefes. ¿Actuó Macías como lobo solitario del Estado Islámico de Rionegro, o siguiendo instrucciones de su Abu Bakr? ¿Fuego amigo?

Macías es el típico gamonal venido a más. Desde luego, poco le importa tacar una carambola con efecto contrario con tal de confundir lealtad con abyección. Es que en ese trasmundo que hierve detrás de las bambalinas del Centro Democrático hay una guillotina que Uribe activa por trasmano (su arte predilecto) cuando le conviene sacrificar a un amigo. Jamás lo han rozado las consecuencias de sus cabezazos malévolos, porque desaparece siempre de la escena. No es necesario suministrar nombres si el sacrificio es solo político.

*ExMagistrado *Escritor

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