Reflexiones para el ministro

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Iván Duque está haciendo un enorme esfuerzo por cumplir sus promesas de campaña, incluso asumiendo costos inmensos en gobernabilidad. Su valiente e indispensable decisión de acabar la feria de contratos y la entrega de presupuestos a los congresistas ha traído como consecuencia que los partidos Liberal, Cambio Radical y de la U, ya maniobran en el Congreso como una coalición que no duda en meter entre los palos al Gobierno.

Ahora bien, Alberto Carrasquilla ha hecho un conjunto de propuestas que, más allá de sus aspectos técnicos, se pueden resumir en una disminución de impuestos para las empresas, un aumento de la base de contribuyentes en renta para que más miembros de la clase media hagan tributación directa, y una extensión del IVA a todos los productos de la canasta familiar que se devolvería a través de un complejo mecanismo a quienes hagan parte de los estratos uno y dos.

Las propuestas, era inevitable, han levantando una polvareda entre todos los ciudadanos, incluyendo las bases uribistas y conservadoras, trayendo como consecuencia un menoscabo de la imagen del presidente, que cayó doce puntos en apenas diez días, entre otras razones porque el programa de campaña fue “menos impuestos, más salarios”.

Por eso es indispensable que, para empezar, el ministro haga un esfuerzo sistemático y sostenido para explicar con precisión que la situación fiscal que dejó Santos es desastrosa y hace imposible cumplir la promesa de campaña de bajar los impuestos. En este caso, no hacer un corte de cuentas con el gobierno anterior tendría la desastrosa consecuencia de que Duque pagaría los platos que rompió Santos. No se trata de gobernar con retrovisor, pero sí de establecer responsabilidades para preservar la reputación del nuevo gobierno.

Por otro lado, es necesario que Carrasquilla explique el programa de la nueva administración para disminuir el tamaño del Estado y de la burocracia y para tener un gobierno austero y eficiente, para frenar los gastos de propaganda, publicidad, eventos, contratos de prestación de servicios, cortinas y almendras de Santos, de manera que los ciudadanos, en particular los más pobres, sientan que los protegen y no que les están esculcando los bolsillos para pagar el despilfarro y el derroche de sus gobernantes.

Y ojalá la propuesta integral traiga como compensación la disminución de medio o un punto del IVA.

Estas tareas son indispensables. Las declaraciones del ministro castigan fuertemente al presidente Duque. Peor, el Gobierno corre el riesgo de quedarse con el pecado y sin el género: sin mayorías en el Congreso y sin respaldo de opinión pública en estas materias, es altamente probable que se hunda la reforma tributaria que se presente. Lo malo es que el costo político ya se está pagando. Y es altísimo.

*Abogado y analista político

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