Un departamento en positivo

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El Magdalena que queremos y anhelamos los más de sus pobladores, es un departamento sin dolencias mayores ni menores, con un futuro como unidad territorial que no debe ni puede depender de la voluntad de unos pocos, como tampoco estar sometido a encasillamientos de parte de quienes detentan el poder, por cuanto la complejidad de nuestros problemas merecen que sean más las opiniones -entre mayormente distintas mejor- que sumen posibilidades y probabilidades para consolidar un departamento mejor y superior al que hoy tenemos.

Opiniones provenientes de todas las orillas del pensamiento, profesiones, sectores sociales, actividades y oficios, congregados en mesas de trabajo para analizar los pendientes que arrastramos cual pesados fardos en la procura de encontrar caminos para su pronta solución, desde la pluralidad que adiciona diversidad de ideas y pareceres, en el entendido que con esa riqueza se garantizará que los magdalenenses seamos parte de la visión y espíritu de alcance de tales materializaciones, siendo necesario juntar los respectivos diagnósticos, estudiarlos, analizarlos, discutirlos, construir escenarios posibles y probables; calificar viabilidades, eficacia y alcance; aterrizar las ideas; y convertirlo todo en realidades que aporten cambios, transformaciones y solucionen los padecimientos del departamento.

No podemos ser más un departamento condenado por la indolencia, la desidia y la apatía. Un departamento donde no se resuelven de fondo los problemas; donde los menos se esfuerzan cada vez más por proteger y mantener poder, privilegios y riqueza; donde sólo unos pocos son agentes de cambio, movidos por el desconcierto y descontento social, que ahonda la distancia entre quienes toman las decisiones y la sociedad; donde las élites y los dirigentes de los sectores público y privado no están dispuestos a renunciar a sus privilegios sin tener en cuenta ni priorizar el beneficio colectivo, obstaculizándose así la aprobación de avances con miras al porvenir; y, donde la polarización es eje central, al no haber confianza en las instituciones ni unas autoridades en capacidad de acercarse a la gente, generando que ella no se sienta representada por su dirigencia.

Surge de lo expuesto que ilegalidad, inseguridad e inequidad se afiancen y tengan porvenir, ya que donde la participación ciudadana y el compromiso y apertura del gobierno no tienen mayores puntos de encuentro, sus soluciones son cada vez más lejanas, utópicas y para nada viables. No debemos olvidar que el Magdalena que queremos y entre todos podemos hacer con voluntad y decisión manifiesta, no es el que hoy tenemos sino el que es posible y probable imaginar a través de ópticas correctas. [email protected]

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