DIARIO DEL MAGDALENA
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Estatuas, en debate racial de Nueva York

Una masacre causada por el racismo en una iglesia metodista de Charleston, Carolina del Sur, el 17 de junio de 2015, fue la que detonó el inicio del movimiento que aboga en todo Estados Unidos por tumbar las estatuas de personajes que directa o indirectamente apoyaron el odio racial en el país, especialmente las de generales confederados de la guerra civil.

Luego, en Charlottesville, Virginia, fue precisamente el previsto derribo de la estatua en honor al máximo general confederado, Robert E. Lee, la que suscitó el 12 de agosto una marcha de los más radicales supremacistas blancos. El resultado ya lo conoce la mayoría: la ciudad se polarizó, hubo enfrentamientos, y uno de los racistas arrolló con su vehículo a decenas de personas que se manifestaban contra el odio racial, dejando un muerto y 19 heridos —entre ellos la colombiana Natalie Romero—.

Pero la tensión no paró ahí. La ambigua respuesta del presidente Donald Trump —al que apoyaron dichos sectores durante su campaña—, solo encendió más el pulso y aceleró las acciones de demócratas y progresistas para tumbar más estatuas.

El pulso llegó a Nueva York, donde incluso la estatua de Cristóbal Colón en la homónima rotonda de Columbus Circle, en pleno centro de Manhattan, podría ser derribada. ¿Por que se han extendido las tensiones y qué efectos dejarán?

 
LUCHA EN LA GRAN MANZANA

El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, uno de los más decididos opositores demócratas al gobierno de Trump, anunció el pasado 16 de agosto, en plenas tensiones de Charlottesville, que la gran manzana se unía a la iniciativa de revisar si sus estatuas promueven el odio racial.

“Tras los hechos violentos en Charlottesville, la Ciudad de Nueva York adelantará durante 90 días una revisión de todos los símbolos del odio bajo propiedad pública”, dijo en Twitter. En concreto, un panel de expertos de diversos orígenes étnicos se encargará de revisar los monumentos.

De Blasio suscitó reacciones adversas no solo de conservadores, sino de la fuertemente influyente comunidad italoamericana —a la que él mismo pertenece—, que protestó al frente de la Alcaldía (City Hall) liderada por el principal opositor a su gestión, el independiente Bo Dietl.

Pero el alcalde tampoco está solo. En el Concejo de la ciudad cuenta con el respaldo mayoritario, por lejos, con 48 concejales demócratas frente a apenas tres republicanos. La portavoz de dicha entidad, la puertorriqueña Melissa Mark-Viverito, es especialmente activa en el tema y fue la que propuso incluir a la estatua de Cristóbal Colón en el debate.

“Cuando se mira la historia debemos hacerlo de forma completa y clara. Colón sigue siendo una figura controvertida para muchos”, sugirió en un discurso durante un acto el lunes, en el que se pedía con contundencia el derribo de la estatua de otro personaje, J.Marion Sims, uno de los padres de la ginecología moderna, al que se le señala de experimentar con esclavas negras.

“En momentos en que neonazis y extremistas de derecha actúan con impunidad en el país, debemos enviar un mensaje claro: que los actos de Marion Sims son repudiables”, dijo.

 
FANTASMA EXACERBADO

Los expertos explicaron que tanto las tensiones raciales, como el debate histórico, siempre han estado presentes pero se ven con más fuerza dado el contexto actual.

“El revisionismo viene desde hace un buen tiempo. En las universidades se ha planteado desde hace varios años el cambio de nombre a algunos edificios llamados en honor a quienes fueron esclavistas. Ese debate ya se venía dando, pero naturalmente se exacerbó con la llegada de Trump al poder, una persona que polariza a la sociedad. Sin duda, De Blasio también saca réditos del tema cuando faltan pocos meses para las elecciones locales en una ciudad tradicionalmente demócrata”, dijo Patricio Navia, politólogo y docente de la Universidad de Nueva York (NYU).

Emilio Viano, experto en política estadounidense y profesor de la Universidad Americana de Washington D.C, aseveró que “Trump dio coraje a sectores blancos que se sienten desamparados y que verdaderamente son víctimas de la globalización, la automatización, y de las llamadas políticas positivas. Pero la tensión no era nueva, solo que se ha desatado mucho en la actualidad, ha salido a la superficie”.

Efectivamente, la portavoz de la concejal Mark-Viverito, Shirley Limongi, aseguró a este diario que el anuncio del alcalde De Blasio solo revivió llamados reiterados que “ella llevaba haciendo desde 2011” para remover estatuas como la de Marion Sims.

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