Una reforma judicial tímida e insípida

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Al leer el proyecto de reforma judicial presentado por el gobierno nacional, le queda a uno un saber insípido sobre la misma, pues no toca lo fundamental que debe reformarse, pareciera que en nada le importa al gobierno, lo que ocurra con el usuario de a pie de la justicia colombiana.

La sensación que deja este proyecto, a grandes rasgos, es que la reforma se reduce a un pulso de poder, para determinar quien elige el Fiscal, como se escoge o en que tiempos, se reduce a tocar el tema de la experiencia para ser Magistrado, a los periodos de los mismos, a si lo exmagistrados quedan inhabilitados para litigar después de su retiro, a establecer experiencia en la Rama para acceder a la magistratura, descartando el ejercicio de la profesión para tal efecto y a la eliminación de las facultades electorales de las altas cortes, pero nada se dice del “paquidermismo” del funcionamiento de la justicia en Colombia.

Al usuario directo del servicio público que prestan los jueces, no le interesan estos temas, lo que le importa al colombiano de a pie, es que cuando lleve un conflicto ante un juez, este le diga muy rápidamente quien tiene la razón, a este usuario, no le afecta quienes son los magistrados, ni cómo llegaron a serlo, su interés es que la justicia sea pronta, eficaz y eficiente y ese debe ser el tema central de una reforma judicial.

La justicia colombiana requiere apremiantemente una evolución en los procedimientos, que conduzca a tener jueces falladores y no procesalistas, lo importante de un proceso judicial, es su fallo y no su proceso y mucho menos cuando este es interminable, tedioso, agotador tanto para los otorgantes de los poderes como para los litigantes.

El país entero está cansado, no solo de lo que ha ocurrido en las altas cortes en materia de corrupción, si no de la inoperancia del aparato judicial, ya es hora que se piense en el colombiano común y corriente que requiere del servicio público  de la justicia, sin la cual justicia no hay verdadera democracia.

El gobierno, el Congreso y las altas cortes tienen que entender que lo importante es la aplicación de la justicia y no la manera como se nombran las cabezas de la Rama, la aplicación de la justicia es lo prioritario y los temas administrativos de elecciones de magistrados no son de  interés en el pueblo colombiano.

Ya es hora que se pronuncien los jueces, los sindicatos de los empleados y jueces, los colegios de abogados en representación de los litigantes, que conjuntamente con los usuarios del sistema, son los que sufren las consecuencia de la demora en la resolución de los procesos, se debe exigir más plazas de jueces, más recursos para la Rama, mejor aplicación de la Carrera Judicial, para poder descongestionar los juzgados y que los colombianos vuelvan a creer en sus jueces.

La reforma tiene que ser efectiva, no más dilaciones en tomar el toro por los cachos, se debe implementar una verdadera oralidad en los procesos y acabar con el híbrido que hoy tenemos entre escrituralidad y oralidad, que no es ni lo uno ni lo otro.

Como profesional del Derecho, como catedrático de una facultad donde preparamos futuros abogados, con todo respeto, solicito que todos los colegas opinen y aprovechemos está oportunidad para expresar nuestras ideas sobre lo que debe ser una verdadera reforma judicial en Colombia.

¿Sabes qué? No dejemos que igual que ha ocurrido con todas las reformas anteriores, la imponga en centralismo, que siempre olvida al colombiano de a pie, que es el que sufre la deficiente prestación del servicio de justicia en Colombia.

*Catedrático universitario

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