Didier Merchán, el ciclista tolimense que sueña con correr en Europa

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Un bono de solidaridad, un descuento especial y los ahorros, fueron necesarios para que Didier Merchán se comprara su primer marco de carbono, un Covadonga de GW, con el que corrió su último año de juvenil, en el que buscaba el contrato con un equipo profesional para iniciar en élite.

El marco tenía un costo de dos millones de pesos, pero por ser ciclista de la categoría juvenil logró un descuento con la empresa GW y se la dejaron en 1.370.000 pesos, ante eso gran parte de los habitantes de Líbano se movilizaron para vender el bono de solidaridad y recogieron 800 mil pesos.

Faltaban 570.000 pesos y la decisión de don Norberto y doña Flor Alba, los padres de Didier, fue romper el marranito de los ahorros para completar y darle el regalo a Didier, el de la mitad de cinco hermanos, Leidy, Angélica, Alexandra y Sebastián, quien ya se podría defender mejor en las carreras de carácter regional o nacional.

Pero esa no fue la primera bici, cuando tenía cinco años de edad montó su primera cross, con la que hacía pruebas de 500 metros y un kilómetro, siempre en ascenso, porque para llegar al Líbano hay que subir desde el cruce de Armero, son unos 32 kilómetros, pero el pequeño sólo hacía distancias cortas, esas que le formaron sus músculos para hoy estar en el pelotón nacional.

Cuando cumplió los siete años llegó la segunda bici, una de semicarreras, en aluminio, con la que empezó a correr más metros, como en un circuito ahí en el parque principal del Líbano, organizado por Orlando Rojas y en el que finalizó segundo y cruzar la primera frontera, la de ir un poco más al norte del Tolima.

Con ocho años de edad salió a correr fuera del Líbano en varias oportunidades y recuerda que “me iba bastante bien, quedaba siempre en el podio y mi papá empezó a apoyarme cada vez más”, como su patrocinador y entrenador personal, hasta que llegó a la escuela de Orlando Rojas, donde empezó la construcción del sueño.

Sus primeros entrenamientos fueron en la vereda Meseta Baja, pero luego su familia se trasladó a la vereda Alto de San Juan, donde no sólo montaba bici para ir a estudiar, también le ayudaba a don Norberto en el trabajo de campo, abonando los terrenos, desyerbando y cogiendo café, una labor que intensificó cuando cumplió 15 años, en la primera temporada de juvenil, por eso se alejó un poco del ciclismo.

Estudiaba en la mañana, trabajaba en la finca por la tarde y hacía tareas en la noche, el entrenamiento era movilizarse en la bici, al colegio y de regreso a la finca, llevando a su hermana Angélica. Así entrenó durante un año, cuando terminó sus estudios en el Colegio Comercial del Líbano, para luego regresar a la bici de carreras.

En su debut en una grande terminó 18, en la Vuelta al Futuro del 2015, para menores de 16 años y con esa carrera pasó a la categoría juvenil, los menores de 18, con buenos resultados en su primer año, como en la Clásica de Ruben Darío Gómez en Pereira, donde quedó subcampeón y desde ahí el Strongman lo puso en su radar y lo invitó a correr la Vuelta al Porvenir, pero en la Liga del Tolima no le dieron el aval.

“Lastimosamente lo quería llevar a la Vuelta al Porvenir el año pasado, pero el presidente de la Liga de Ciclismo del Tolima me pidió cuatro millones de pesos para poder llevarlo y nosotros somos un equipo con comodidades importantes, pero tampoco como para pagar esa cifra, así que decidí esperar y lo contratamos en su primer año de élite”, aseguró Luis Alfonso Cely, el director deportivo del Strongman.

 

El paso a profesional

Con 18 años de edad ingresó al pelotón élite del ciclismo colombiano y su gran debut fue en la Vuelta a La Juventud, en la que cumplió su primer año con el undécimo lugar de la clasificación general y “trabajando para el equipo, cumpliendo una gran labor”, reconoció Cely.

La siguiente gran prueba, ya con los 19 años cumplidos, fue la Clásica de Soacha, en la que terminó de 34 en la categoría élite y “me dejó muy contento el cuarto lugar que logró en la cronoescalada”, dijo Luis Alfonso Cely, quien confirmó las cualidades de Didier, quien se describe a sí mismo como “un buen escalador, porque me defiendo más en el ascenso, en el plan voy bien y en la crono me cuesta, pero tampoco pierdo tanto tiempo”.

Su referente más cercano es su paisano Freddy González, el doble campeón de la montaña en el Giro de Italia, a quien considera como un hermano, a pesar de que no comparte mucho con él, pero sí lo admira, como a Rigoberto Urán, a quien sigue y sueña con igualar o superar.

“Me siento contento de estar en la escuadra amarilla, con los compañeros es como si fuera la familia de uno, porque en la concentración el ambiente es muy bueno”, dijo Didier de su estadía en el primer año en el Strongman y de su debut en el Clásico RCN admitió que “al comienzo fue duro porque muchas veces no podía llegar a la meta con los punteros, entonces fui poco a poco cogiendo el paso y en la montaña hasta ahora me ha ido bien”.

Merchán se siente fuerte en el primer año de élite y en su primer ascenso a la Línea cruzó con el lote principal y soportó el ritmo de los candidatos al título. Al final de la sexta etapa y en la llegada a Mariquita, marchaba 72 en la clasificación general individual y decimocuarto entre los 41 sub23 que siguen en carrera.

Por eso su director deportivo en el Strongman afirma que “me enorgullese tener un corredor como él, porque es un muchacho muy joven, pero muy despierto, tiene una gran capacidad, tiene muchas condiciones y pienso que es uno de los futuros escaladores de este país, me da alegría haber acertado en traerlo al equipo porque con el podemos hacer cosas grandes”.

Con ese respaldo, Didier sueña con correr en Europa, tal vez el próximo año cumpla el sueño porque el Strongman irá a una temporada europea, pero también quiere correr con un equipo del World Tour, como lo hizo Freddy y como lo hace Rigo, sus dos principales referentes en una carrera deportiva que recién inicia, pero que promete como la de un gran talento del ciclismo colombiano.

 

Mariquita Colprensa.

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