Una buena y otra mala

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Dentro de las propuestas de reforma política que actualmente se ventilan en el Congreso,  existen dos que me han llamado la atención.

La primera es el voto obligatorio, sobre la cual hemos escrito en varias oportunidades, cada vez que esa iniciativa se ha asomado a los salones del Capitolio. Muchos países cuentan con esta herramienta y se ha demostrado que es positiva para consolidar los espacios democráticos, pues resulta comprensible que en cualquier sociedad, así como existen derechos, también deben existir obligaciones y el compromiso elemental que tiene todo ciudadano con su país, es el de ejercer el voto como instrumento de participación para elegir, en donde es posible premiar, castigar, o simplemente expresar una voluntad en blanco por no estar de acuerdo con las alternativas en juego, sabiendo que en cierta medida ese voto va a tener un impacto, si la mayoría decide pronunciarse en ese sentido.

Se ha dicho que los malos gobiernos resultan ser el producto de los malos ciudadanos que no se pronuncian. En un país como el nuestro, cuando la abstención raya el 50%, encontramos fácilmente entendible, que los resultados serían otros si esa otra mitad decide pronunciarse.

El escenario electoral no se puede dejar casi exclusivamente en manos de las maquinarias electorales que siempre votan y finalmente son las que deciden, mientras que las verdaderas mayorías permanecen ausentes.

De otro lado, la propuesta de habilitar la edad de la ciudadanía a los 16 años, me parece altamente inconveniente, pues los jóvenes de hoy son apáticos a todo lo que tenga que ve con la política y la verdad es que no cuentan con el grado de madurez suficiente para tomar una determinación tan importante como la que se requiere.

Lo cierto es que los riesgos son muy altos. Los mismos estudios de sicología que se han publicado recientemente, señalan que la etapa de la adolescencia se está prolongando hoy en día casi hasta los 25 años, debido a que los jóvenes de hoy tienen cada día menos responsabilidades, lo que hace presumir que la habilitación de la edad a los 16 solo serviría para facilitarles la entrada a los establecimientos nocturnos y propiciar el incremento del consumo de alcohol y de la adopción de malos hábitos de comportamiento.

*Abogado y miembro de la Academia Colombiana de Historia y de la Real Academia Española de la Historia.

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