Del Gobierno, Congreso y partidos

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En la campaña electoral al entonces candidato Iván Duque se le combatía  con el cuento de que sería un títere y no tenía experiencia administrativa. Hoy esos argumentos se han diluido; el Presidente ha demostrado que tiene independencia y su propia visión de los problemas públicos. También que el arte de gobernar está inventado y que haber pasado por cargos administrativos no es garantía necesaria de éxito en una gestión pública.

El doctor Humberto de la Calle alcanzó a decir que un eventual gobierno de Duque significaría un retroceso para el país porque se atizaría la guerra al introducirle ajustes al acuerdo de paz. Aunque no se conocen esos ajustes, nada hace presagiar el panorama apocalíptico a que aludía el candidato liberal.

Ya en el ejercicio del gobierno, por unas declaraciones sin mayor explicación del Ministro de Hacienda, llevamos varias semanas hablando de la inconveniencia del IVA en la canasta familiar para los más necesitados. Hoy el Gobierno propone disminuir el IVA del 19% al 16%. Del mismo modo, el senador Jorge Robledo, por una reunión que hubo entre los expresidentes Uribe, Pastrana y Gaviria, dijo que se estaba reeditando el Frente Nacional. Nada más distinto que el gobierno de Iván Duque a lo que fue el espíritu de ese acuerdo bipartidista.

Por otra parte, cuando se adelantó el proceso de la elección del Contralor, los medios registraron la escogencia de Felipe Córdoba como una derrota del Gobierno que no quiso intervenir en el mismo, como se había hecho en el pasado, porque eso le implicaba llegar a acuerdos con las fuerzas políticas que toman asiento en el Congreso. Los medios han debido destacarlo como demostración de la independencia del Ejecutivo y el Congreso que se predica.

Lo que quizá no hemos entendido bien es el estilo de gobierno que inauguró el presidente Duque y que tiene a muchos un poco confundidos porque ha replanteado la relación con los partidos y ha interrumpido la tradición republicana de la representación política en cabeza de las fuerzas que hacen parte del Ejecutivo; ello anticipa que habrá más debates de control político sobre los actos gubernamentales que el impulso del trámite de leyes.

Entonces lo que hay es un reacomodamiento entre los partidos, el Congreso y el Gobierno porque cambió la dinámica de su relacionamiento. El Ejecutivo no pareciera interesado en una intensa agenda legislativa, sino en sacar adelante los proyectos que reclama con más urgencia  el país, como son la reforma política,  la de la justicia y las medidas anticorrupción. Y, desde luego, la reforma tributaria o ley de financiamiento, lo mismo que el proyecto que modifica el régimen de pensiones, para lo cual habrá diferencias y coincidencias, por lo que tendrá que promover acuerdos puntuales.

El nuevo estilo de gobierno es inédito, rompe con la manera en que se han construido las mayorías en el Congreso para garantizar con lo que se conoce como gobernabilidad. Es una apuesta audaz que ojalá tenga éxito por el bien del país.    

*ExDefensor del Pueblo

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