Selección de magistrados

Escoger un magistrado de las altas cortes, y añadiría que de un tribunal o de una instancia inferior, requiere un procedimiento que asegure no sólo la independencia de ese alto funcionario, cualquiera sea su nivel, sino que su formación ética y su nivel intelectual sean impecables.

Cada país ha explorado y ensayado métodos, unos mejores que otros. Lo que sí resulta incomprensible es que la sociedad civil, la academia, los profesionales del Derecho no se involucren en este proceso.

Resulta asombroso que mientras seguimos, unos con más dedicación que otros, el proceso de nombramiento de un juez de la Corte Suprema de Justicia en los Estados Unidos, en Colombia ese procedimiento para seleccionar nuestros magistrados y jueces pase desapercibido y que sea objeto simplemente de las rivalidades de los aspirantes y de quienes tienen que ver con su selección.

Algo tiene que ver este procedimiento clandestino con la pérdida de confianza que las encuestas han venido registrando con respecto al Poder Judicial y a las más altas cortes. Un ejemplo fue la reciente designación de magistrados de la Corte Suprema de Justicia para la investigación y primera instancia del juzgamiento de los aforados, o sea de las personas que gozan por la naturaleza de sus funciones, de un privilegio en esta materia.

El asunto es más preocupante cuando no solamente se conoce el debate que se hace en otros países al escoger un magistrado y la indiferencia de la sociedad colombiana cuando esa misma decisión se toma entre nosotros.

Hace tres años el jurista y magistrado auxiliar del Consejo de Estado, Marino Tadeo Henao, publicó un excelente libro sobre el tema: ‘Selección de jueces de altas cortes en el Derecho Público Comparado’ (Cuéllar Editores). Sabemos que entre nosotros se lee muy poco y que los libros no son objeto de comentarios en los medios de comunicación y por eso buena parte de ellos pasan desapercibidos. No sobra volver a mencionar esta investigación porque el tema sigue vigente y no aprender de otras sociedades en un asunto tan complejo es un gran error.

En la introducción de su libro, el jurista Henao cita a uno de los más respetados politólogos americanos, ya fallecido, el profesor Robert A. Dahl, para resaltar un punto que es clave: “Considerar la Corte Suprema de los Estados Unidos como una institución estrictamente legal es subestimar su significación en el sistema político americano. Es también una institución política, una institución que adopta decisiones en cuestiones muy controversiales de la política de la Nación”. Más claro, imposible.

De ahí el debate tan intenso que se está llevando a cabo en los Estados Unidos y que culminará hoy sábado, con la decisión que tome el plenario del Senado. Sin duda, muy estrecha, a favor o en contra. Y si hay un empate, decidirá el vicepresidente Pence, que es el presidente del Senado. Y, por supuesto, se inclinará por el candidato republicano señalado por el presidente Trump.

Más de 600 profesores de Derecho en Estados Unidos, se han dirigido al Senado para señalar no ya los antecedentes de orden sexual que se han venido ventilando, sino para destacar la ausencia de algunas virtudes que ellos consideran esenciales en el comportamiento de un magistrado: serenidad, ecuanimidad, respeto hacia los demás y otras de este estilo.

*ExMinistro de Estado

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