Problemas y partidos

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Frente a los problemas muchos y mayores que padecemos, concierne que los partidos se desprendan de las dañosas herencias del pasado, converjan y se congreguen solícitos, antes que sea demasiado tarde, en la causa común de salvar la patria, que es la salvación de todos; en lo que cuenta forjar una cultura de debates que conduzcan a mejorar la vida de las personas y propongan soluciones concretas a la corrupción, narcotráfico, violencia, impunidad, desnutrición, salud, educación y pobreza, entre otros flagelos aquí vivamente  encapsulados.

Necesitamos unos partidos políticos cercanos a las bases, incluyentes, realistas, ajenos a discursos banales como a la retórica demagógica, y dedicarse por completo a proponer amplias mesas de debate, discutir cual ha de ser la mejor estrategia para enfrentar los azotes que padece el país y evaluarlos en su función viabilidad/costos. Partidos que renuncien a seguir enfrascados en discusiones insustanciales e insignificantes, cuando lo importante espera. Partidos y movimientos que opten por el pragmatismo y ennoblezcan los puntos en común, ya que no es con posiciones distanciadas como vamos a adelantarnos y seguir avantes.

Partidos o movimientos en capacidad de detectar problemas concretos y convertirlos en áreas de oportunidad, en la comprensión que lo fundamental es unirse por y para mejores causas. Debatir abiertamente aspectos de interés que dominen la agenda pública y conciten al resto de las agrupaciones partidistas a sumarse a esta gran cruzada. Si los asuntos de importancia no están focalizados en el centro de las preocupaciones, sin duda alguna no tendrán futuro ni en lo interno ni en lo global; de ahí la necesidad de actuar frente a las contingencias con optimismo, alertar sobre los impactos negativos, superar las tempestades, dejar atrás los anacronismos que puedan perjudicar los mejores horizontes por conquistar. Es actuar decidida, decisiva y definitivamente con inteligencia y creatividad para ofrecer soluciones prácticas, sin miopía, ni intereses personales o familiares a efecto que los problemas no se hagan infinitos, pues ya bastante se ha padecido. No estamos para ser testigos del desmoronamiento de la democracia, ni para verla siquiera amenazada, sino para comprometernos en su defensa y defender a ultranza el sistema de partidos, que no de remedos eleccionarios, lo que obliga mayores responsabilidades, pasar por alto los defectos y propugnar por la instauración y reconstrucción de facciones sólidas que permitan discusiones más abierta sobre las fallas y vicios reales de las instituciones democráticas, forma mejor y positiva de ganar espacio en la población con la mira puesta en el beneficio y mejor estar comunitario; ante ello, llego la hora de la reconstrucción de los valores y principios.

[email protected] *Jurista

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