Civismo, solidaridad, ciudad

Con civismo y solidaridad entre otras muchas edificantes acciones, marcaremos historia y combatiremos la inseguridad y demás muchas otras perturbaciones, necedades y perversidades que nos aquejan; de ahí la importancia de tratar de hacer y ser más positivos cada día. Interesarnos por lo que le pase al de al lado, implantar e implementar escuelas de formación para los nuevos líderes, acercarnos a dirigentes de más y mejores calidades que además posean una objetiva visión del desarrollo y estén interesados en servirle a la ciudad como lo merece, razón por la que despertar nuestro civismo deba ser un imperativo.

Interesarnos por la ciudad y concurrir a superar desde la gestión sus necesidades, debe ser una obligación que lleve a defender lo que es justicia y rectitud, al igual que atacar y combatir inmoralidad, deshonestidad y corrupción. Hay que tomar el sendero del civismo y la solidaridad, características de las que tenemos que apropiarnos, especialmente por cuanto han estado ausentes por la falta de liderazgo de nuestros mal llamados dirigentes.

Tenemos que ser una realidad palpable de ciudad cívica en el país, modelo de desarrollo urbano, comportamiento solidario, respetuosos de los demás, con empresarios ejemplo de responsabilidad social trabajando en pro de la niñez, la nutrición, el deporte, la educación, capaces de pasar del asistencialismo caritativo a modelos productivos, coherentes y responsables de trabajo social en contexto de ciudad alegre, pujante, moderna y bien planeada.

No más la Santa Marta de hoy que mal se siente, donde poco o nada funciona, con vías acabadas, deficientes servicios públicos, mal manejo gerencial, escasa proyección, deficiente administración y gestión. Somos, así nos duela, una ciudad que apenas cumple las funciones que le competen y sus gentes muestran desánimo, resignación e indiferencia. No tenemos iniciativa. No nos convocamos con la frecuencia que se requiere para limpiar fachadas, arreglar andenes, mejorar nuestras áreas de convivencia, actitudes que se necesitan para revertir el estado de cosas en que nos encontramos, importando líderes y empresas comprometidas que empujen la ciudad y cambien esa sensación de abandono por el prestigio, la reputación y liderazgo que debemos traducir.

Llamados estamos a ser una ciudad cívica, en la que pensemos y actuemos en su función y en beneficio colectivo. Participar activamente en su aseo, orden, limpieza, capacitación y comportamiento, mediante el uso de la razón y el respeto, elementos que existen en las personas que cuando así se manifiestan generan confianza y atraen inversionistas, turistas, compradores para sus productos y servicios, lo que obliga actuar con rectitud, alegría, dedicación y empeño, para que unidos en consideración a causas propias y esfuerzos comunes, desaparezcamos egoísmos, envidias, pretensiones, y surja el ánimo de colaboración, voluntad de servicio, sentido de pertenencia y propósitos ciertos.  Hagamos de Santa Marta una ciudad agradable, con fortaleza propia, pobladores a su servicio y entrega con ímpetu de grandeza, deseos de ser mejores y criterio social. Seamos en consecuencia la ciudad cívica que merecemos y tenemos que ser sin aplazamientos

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