¿Por qué marché?

El pasado 10 de octubre los estudiantes del país se movilizaron en una marcha gigantesca a lo largo del territorio nacional con el fin de exigir más recursos para financiar la educación superior. En la mañana me uní a esta marcha con los aprendices del SENA por convicción, y me sorprendió mucho que, en horas de la tarde, el senador Gustavo Petro, por medio de su cuenta de Twitter, le dio las gracias a todos los que la apoyaron, como si fuera suya. Caminé con los aprendices del SENA y por estas razones:

La movilización social no tiene color político: no entiendo por qué velar por los derechos humanos, las causas sociales, el cuidado de los niños, los derechos de las mujeres o de las minorías, es resorte de solo una corriente política. Merecen un aplauso los/as estudiantes que nos dieron un gran ejemplo de organización. Los objetivos comunes nos congregan y engrandecen.

La corrupción acaba con la educación: no me parece justo que traten de vender la idea de que el gobierno de Iván Duque es el responsable de la desfinanciación de las universidades. La izquierda fue muy flexible con muchas acciones tomadas en el gobierno de Juan Manuel Santos, desde donde se financiaron los bolsillos de muy pocas personas a costa de los presupuestos estatales de los más necesitados.

El SENA también necesita el apoyo de las universidades: me molesta sobremanera la subestimación hacia la formación técnica. Es más, algunas personas (o trolls) me alcanzaron a decir que la movilización era por la universidad pública y no por el SENA, que hace parte del presupuesto del Ministerio de Trabajo. Me pregunto ¿por qué se denigra tanto de la formación técnica, como si fuera de segunda categoría, cuando en los países tan avanzados como los nórdicos, la formación dual técnica es el activo más importante del recurso humano de esas sociedades? Solo en Alemania, por ejemplo, el 70% de los egresados del bachillerato van a la formación técnica y el 30% a las universidades.

Como la corrupción es el principal problema de la desfinanciación de las oportunidades de los jóvenes, mi aporte es que a través de las denuncias por la posible corrupción en el SENA (motivo por el cual me echaron) suman al menos un billón de pesos. Solo en las construcciones sin terminar, cuya más emblemática es la de la Calle 57 con Carrera 8va, en pleno Chapinero de Bogotá, hay un hueco que le costó al bolsillo de los colombianos 19 mil millones de pesos.

La bandera de la anticorrupción no tiene dueños, luchar por una sociedad ética debe ser una labor que desarrollemos y construyamos en equipo. La ética se vive y se aprende con el ejemplo.

Es muy importante que el gobierno del presidente Duque nos cuente a los colombianos de cuánto es el hueco que le dejaron y a qué nos tenemos que atener. Nos dejaron un país desfinanciado y con grupos armados regados por todo el territorio nacional. Entonces, ¿cómo hacemos?

La movilización social no puede tener propietarios porque las causas justas no son activos de actores políticos particulares. Colombia está creciendo y es maravilloso ver que son los jóvenes los jalonadores de ese proceso. Si la nueva generación comprende y se aplica la ética en lo público y lo privado, entonces estaremos ante un cambio inminente.

*ExDirectora del Sena

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